
No muchos políticos considerarían positivo que su imagen se comparara con Porky. Pero Rafael López Aliaga, el belicoso alcalde conservador de Lima, capital de Perú, no es como muchos políticos. Exagera el parecido, habiendo desplegado a personas disfrazadas de cerdo en eventos y adoptado un cerdo como mascota personal. Los peruanos simplemente lo llaman Porky.
En la encuesta más reciente realizada por la encuestadora Ipsos, López Aliaga encabezó por primera vez la lista de intención de voto para las elecciones generales programadas para abril de 2026. Esto lo colocó justo por delante de Keiko Fujimori, una candidata también conservadora que perdió por estrecho margen las tres últimas elecciones presidenciales.
El alcalde es un acaudalado magnate y exconcejal. Como muchos políticos peruanos, se presenta como un defensor de los trabajadores pobres. Tiene un don para acaparar la atención. A veces, eso requiere propuestas políticas extravagantes (drones autoexplosivos para detener a los delincuentes) o promesas descabelladas (su discurso de campaña a la alcaldía fue convertir a Lima en una potencia mundial).
Las bromas relacionadas con personajes de dibujos animados distraen la atención de los impulsos más oscuros de López Aliaga. Pidió la muerte de dos de sus oponentes políticos (luego dijo que se refería a su “muerte política”) y sugirió que una defensora de la muerte asistida, que padecía una enfermedad terminal, se quitara la vida cortándose las venas en una tina con agua caliente.
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Así que a López Aliaga no le molesta pelear. Desde que asumió la alcaldía en enero de 2023, ha librado una encarnizada batalla tras otra. Su intento de anular un impopular contrato de peaje terminó con Lima susceptible de pagar más de US$ 196 millones en daños y perjuicios, y tal vez 2,700 millones más en un juicio de arbitraje en curso.
Su plan de adquirir locomotoras diésel y vagones californianos de 40 años de antigüedad para utilizarlos en una línea ferroviaria propuesta ha sido objeto de críticas. Tras una agria disputa con el Ministerio de Transportes, todavía no está claro cuándo se utilizarán, o incluso si se utilizarán.

Estas travesuras salen caras. La deuda de Lima ha aumentado a más del triple bajo su mandato, y en junio la agencia de calificación crediticia Moody’s rebajó su calificación crediticia un escalón, por debajo del grado de inversión.
La culpa recae en enemigos reales e imaginarios. López Aliaga invoca a menudo a una nebulosa “mafia”, en la ocasión más reciente por hacer que el Ministerio de Transportes amenazara con imponer enormes multas a un proyecto importante de ampliación de una carretera para el que no había obtenido un permiso ambiental.
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Los “parásitos” de izquierda infestan la burocracia, imponiendo su “lógica terrorista” para sembrar el sufrimiento. Siempre ataca a sus culpables predilectos: los periodistas, tecnócratas y progresistas. Los peruanos están hartos de la burocracia y los escándalos han manchado a los políticos de izquierda. Los electores están cansados.
Tienen derecho a estarlo. Las elecciones fueron convocadas en marzo por la presidenta Dina Boluarte para poner fin a la anarquía que se ha apoderado de Perú. Esta incluye extorsiones de pandillas callejeras, asesinatos por encargo, minería ilegal y policías corruptos protegidos por sus amigos legisladores.

‘Porkylovers’
Muchos votantes ven en López Aliaga una fuerza impulsora del orden, o al menos del cambio. Los denominados “porkylovers” dicen que la actitud prepotente del alcalde le permite lograr cosas, que su perspicacia para los negocios ayudaría a desentumecer la maquinaria del gobierno y que su riqueza le haría menos propenso a robar del erario público. Además, a los peruanos socialmente conservadores les gustan sus opiniones estridentes contra el aborto y el matrimonio igualitario.
Si, como se espera, López Aliaga se postula a la presidencia por segunda vez, su estilo pugilista-populista le da buenas posibilidades. Sin embargo, aunque encabezó la encuesta de agosto, apenas obtuvo un apoyo de dos dígitos. Esto es un indicio de la extrema fragmentación electoral que hay en Perú, y un recordatorio de que todo puede pasar.
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Para las elecciones de abril se inscribieron 43 partidos, una cifra récord. No es probable que ningún candidato obtenga una mayoría simple, por lo que la segunda vuelta en junio está prácticamente garantizada.
¿Cómo sería una presidencia de Porky? Más travesuras y más controversia, sin duda. López Aliaga declaró que la mayoría de los ministerios deberían ser eliminados, que los presos peligrosos deberían ser enviados a El Salvador y que habría que apostar más soldados en las fronteras de Perú. Y eso no es todo, amigos.