
Bayer, la empresa multinacional alemana enfocada en ciencias de la vida desde hace más de 160 años, tiene una arraigada presencia en mercados latinoamericanos como el peruano. A lo largo de su historia, opera entre la salud, nutrición y tecnologías agrícolas. Su legado, de acuerdo con expertos consultados por Gestión, también puede contarse desde sus fábricas: las ventas de activos por la crisis de los ochenta y la actual planta de semillas en Ica con la que abastece al mundo.
“Antes producía en el Perú para venderle al Perú; hoy produce en el Perú para venderle al mundo”, resume Martín Monsalve, vicedecano de Humanidades Digitales de la Universidad del Pacífico.
Relación histórica con el Perú
Ya para 1899 Bayer contaba con la Aspirina en su portafolio, un medicamento universalmente famoso para aliviar dolores, combatir la fiebre y proteger al corazón. Tras sortear los contratiempos de las guerras mundiales y el cierre de puertas hacia las industrias alemanas, lograron restituirse como Bayer AG —y con su icónica cruz— gracias a una amplia red de holdings de la firma hacia los años 70.
En ese lapso se estableció en Perú, tras adquirir en 1947 una participación en SOCOLAN SA (Sociedad Cornejo Landázuri SA); aunque para Monsalve su llegada sistemática se dio en 1915, en plena Primera Guerra Mundial, ya que la alemana registraba marcas farmacéuticas en Lima y operaba mediante representantes locales. Según su investigación en el Archivo General de la Nación, sus registros incluían medicamentos, químicos industriales, insecticidas y productos fotográficos.

“Importaba y comercializaba, y su verdadero activo aquí eran las marcas”, explica. Este vínculo previo con el consumidor ayuda a entender su recuperación tras los conflictos bélicos.
Para Jorge Luis Ojeda, docente de la Facultad de Negocios de la UPC, en la apuesta de Bayer por el Perú confluyeron esa recuperación y las necesidades de una economía que se urbanizaba hacia los años 50. Había espacio para ampliar el acceso a medicamentos, insumos agrícolas y productos químicos, aunque ello no garantizaba convertir al país en una gran plataforma industrial.
Cambio industrial
El modelo de la fabricante de píldoras cambió con las políticas de promoción industrial. Monsalve añade que los aranceles y los incentivos a la producción local alentaron a las multinacionales a instalar plantas para conservar acceso a los mercados. En ese tiempo, los activos llegaban desde Alemania a las filiales para que se realicen las formulaciones y envasados.
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Hacia 1986, cambió su denominación a Bayer Perú SA. Para entonces, la empresa ya tenía una amplia presencia industrial que se redujo con el estallido de la crisis económica y de violencia interna en los años ochenta. Por ejemplo, en 1983, los terroristas incendiaron su fábrica de fibra Dalon en Lima.
“Con las reformas de los noventa cambia el modelo”, dice Monsalve. Al caer los aranceles, ya no hacía falta fabricar aquí para entrar al mercado. En 1992, Bayer vendió su participación en la planta de Dralon, y en 1994 integró su filial peruana a una gestión andina, junto con Colombia y Ecuador.
Ojeda comenta que Bayer mantuvo una receta similar a Roche y Pfizer, que dejaron de fabricar localmente y apostaron por abastecer al mercado global desde otros países, a partir de la conservación de la presencia comercial.
Ese recorrido no significa que desapareciera toda actividad productiva del grupo en el país. Ojeda distingue dos sociedades: Bayer S.A., dedicada principalmente a la comercialización de productos abastecidos desde el exterior, y Bayer Vegetales Perú S.A., vinculada con la producción de semillas para la cadena internacional.

El rol de Ica
Entre los hitos más recientes, está la compra de su planta de producción de semillas a Monsanto en 2018, en Ica. Rogelio González, Managing Director de Bayer Perú, contó a Gestión que el desempeño de la firma en nuestro país avanzó 4.8% por el mayor volumen de ventas (unos US$ 2.7 millones).
Sus sectores más dinámicos en el mercado peruano sonConsumer Health, con una subida del 44% por las ventas y mejoras de precios, mientras que en Pharmaceuticals, se busca ampliar la innovación en áreas de alta necesidad como oncología, salud cardiorrenal y oftalmología. Crop Sience (Agro Bayer) abarca el 56% del negocio, siendo sus principales desafíos la productividad y sostenibilidad.

González reconoció que Ica produce entre el 15% y el 18% de las semillas de frutas y vegetales de Bayer a nivel mundial. “La compañía identifica un mayor potencial en semillas de alto valor, soluciones para enfrentar desafíos climáticos y modelos de colaboración con agricultores”, mencionó, no sin antes resaltar la red de producción entre Nazca, Chiclayo, Arequipa, Junín, Huancavelica y Bolivia.
“Mi lectura es que el Perú puede conservar actividades especializadas cuando combina ventajas naturales con conocimiento, infraestructura y una operación confiable. El reto consiste en ampliar esas capacidades y desarrollar proveedores, servicios e innovación alrededor de ellas”, concluye Ojeda.








