Más que un Moot: una forma distinta de aprender y conectar con el Derecho
Por Tatiana Allemant, estudiante de Derecho de la Universidad del Pacífico.
La experiencia de participar en mi primer Moot de arbitraje de inversiones y libre competencia, organizado por Bullard Falla Ezcurra y la Universidad del Pacífico desde hace más de una década, me permitió redescubrir una forma distinta de entender el Derecho.
Se trata de una competencia internacional que reúne a estudiantes de distintos países para resolver un caso mediante escritos y audiencias simuladas. En esta edición, el caso, centrado en la interoperabilidad en el sistema de pagos y el mercado de billeteras digitales —un ámbito hasta entonces desconocido para mí—, me permitió comprender cómo el Derecho dialoga constantemente con la economía y los mercados, en un aprendizaje que trasciende las aulas.
El reto comenzó incluso antes de la competencia: estudiar el caso, las normas y la literatura relevante, asistir a las sesiones de preparación con nuestros entrenadores y participar, como alumna libre, en las clases de “Destrezas Legales y Económicas para Litigar en Libre Competencia”, un curso dictado en la Facultad de Derecho de la UP precisamente para promover la participación de los alumnos en la competencia. Fue allí donde me familiaricé con conceptos que hasta entonces desconocía. Descubrí, por ejemplo, que la “posición de dominio” es la capacidad de una empresa para incrementar los precios de manera sostenida sin que sus competidores o los consumidores puedan reaccionar; y que, por sí sola, no constituye una infracción. Más que memorizar conceptos, el desafío consistía en comprender cómo aplicarlos frente a un problema concreto.
Desde la primera fase del proceso, el Moot exigió desarrollar un nivel de análisis que superaba la intuición. Así, advertí, por ejemplo, que una política pública legítima —como la inclusión financiera— debe analizarse desde una perspectiva distinta a la de un agente privado; sin embargo, su implementación debe respetar los estándares internacionales asumidos por el Estado. El ejercicio obligaba a mirar una misma decisión desde distintas perspectivas y a entender que sus efectos no se agotan en el ámbito jurídico.
A su vez, asumir la capitanía del equipo durante un exigente proceso preparatorio, que incluyó estudio, ensayos, simulaciones de audiencia y la coordinación de un equipo multidisciplinario de Economía y Derecho, constituyó uno de los mayores desafíos. Fue durante ese proceso que, gracias al acompañamiento de nuestros entrenadores y al respaldo de la Facultad, comprendí que un buen litigante no solo requiere conocimientos jurídicos, sino también liderazgo, comunicación y persuasión, habilidades que, en la era de la inteligencia artificial, adquieren un valor diferencial. Ese liderazgo trascendió la competencia al permitirnos intercambiar experiencias regulatorias desde una perspectiva comparada e intercultural.
El aprendizaje tampoco terminó con la preparación para las audiencias. El caso me llevó a preguntarme por las consecuencias que pueden tener decisiones aparentemente técnicas sobre asuntos tan cotidianos como el acceso al sistema financiero o las condiciones en las que compiten las empresas, e incluso por el modo en que la interoperabilidad y los medios de pago cumplen una función que trasciende la eficiencia económica, pues contribuyen a la detección de posibles operaciones de lavado de activos. Entendí que detrás de cada concepto jurídico existen incentivos, decisiones económicas y, finalmente, personas afectadas por ellas.
Sin duda, esta experiencia me hizo comprender que estudiar Derecho no consiste únicamente en interpretar artículos o tratados internacionales dentro de un aula, sino en enfrentarse a un problema cercano a la realidad y comprender que cada decisión regulatoria puede producir efectos sobre la economía, las empresas, el Estado y los ciudadanos.
Pero, más allá de eso, me hizo recordar por qué decidí estudiar Derecho en la Universidad del Pacífico: siempre busqué una formación que entendiera el Derecho no como un conjunto de normas aisladas, sino como una herramienta para comprender cómo las decisiones jurídicas impactan en los mercados y, finalmente, en las personas. El Moot terminó siendo precisamente eso: una oportunidad para dejar de estudiar el Derecho únicamente desde el papel y empezar a entenderlo desde sus consecuencias.

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