El Perú que celebra, pero no mide
Pamela Bravo Alderete, estudiante de Negocios Internacionales de la Universidad del Pacífico.
“La educación abre puertas, pero no podemos cerrar las brechas que no somos capaces de medir.”
Cada junio hablamos de afroperuanidad.
Hablamos de historia, música, gastronomía e identidad. Compartimos contenido, recordamos referentes y celebramos los aportes de una comunidad que forma parte de la historia de nuestro Perú. Sin embargo, entre todas esas conversaciones, hay una pregunta mucho más simple que pocas veces nos detenemos a responder: ¿cuántos llegan a la universidad?
Hace poco quise saber más sobre la situación educativa de los jóvenes afroperuanos. Pensé que encontrar respuestas sería fácil, porque vivimos en una época donde casi todo parece estar al alcance de un clic. Sin embargo, mientras más buscaba, más evidente se volvía que faltaban datos.
Según información difundida por la Secretaría Nacional de la Juventud (SENAJU), 7 de cada 100 jóvenes peruanos se identifican como afroperuanos. Además, solo el 17,2% de los jóvenes afroperuanos entre 25 y 29 años ha alcanzado educación superior técnica o universitaria. Y si bien la cifra ayudaba a entender parte de la realidad, no explica el camino que tuvieron que recorrer para llegar hasta allí.
Por eso considero importante mirar más allá de las celebraciones. En 2022, el Estado dio un paso importante al aprobar la Política Nacional del Pueblo Afroperuano al 2030, reconociendo que aún existen desigualdades que requieren atención. Pero reconocer una brecha es solo el primer paso, comprenderla también es necesario.
Como estudiante universitaria y afroperuana, muchas veces me he preguntado cuántas personas comparten una historia similar a la mía dentro de las aulas. No porque espere encontrarlas en cada salón, sino porque a veces su ausencia también se siente.
Y si alguna vez las encuentras, hay una pregunta que no te atreves a hacer en voz alta: ¿cómo llegaste hasta aquí? No porque sea incómoda, sino porque el hecho de tener que hacerla ya es parte de la respuesta.
Porque celebrar importa. Pero también importa preguntarnos quiénes están llegando a las aulas, quiénes logran quedarse y quiénes siguen encontrando más obstáculos para hacerlo.
Y mientras no podamos responder con claridad esa pregunta, la celebración seguirá siendo incompleta.

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