Les quedan 1,820 días según el propio conteo. Son pocos para lo que el país necesita, y no alcanzarán sin trabajar mucho. (Foto: Alonso Chero / @photo.gec)
Les quedan 1,820 días según el propio conteo. Son pocos para lo que el país necesita, y no alcanzarán sin trabajar mucho. (Foto: Alonso Chero / @photo.gec)

Señores servidores:

Cuando he tenido la oportunidad de evaluar como ciudadano el desempeño de una alta autoridad en un cargo público, siempre he pensado que lo más importante es ver cómo terminan su último día, es decir, cuando dejan el puesto y pasan a sus actividades cotidianas. Los primeros días los suelen llenar de elogios, abrazos, felicitaciones y hasta regalos. El gran reto en realidad es cómo será el final. A partir de mi experiencia personal y profesional, comparto, con mucho respeto y esperanza de una gestión memorable para el bienestar de todos los peruanos, cinco sugerencias que ojalá les puedan sumar para afrontar los graves desafíos que tiene nuestro querido Perú.

El 28 de julio se ofreció culminar la Línea 2 del Metro y ejecutar las 3, 4, 5 y 6. En un país que en febrero registraba más de 2,700 obras públicas paralizadas, quizá convenga acotar la lista. (Foto: Andina)
El 28 de julio se ofreció culminar la Línea 2 del Metro y ejecutar las 3, 4, 5 y 6. En un país que en febrero registraba más de 2,700 obras públicas paralizadas, quizá convenga acotar la lista. (Foto: Andina)

1. Humildad: el poder es servicio. Deben demostrar, cada día, que estar en el poder, no cambia a la persona. Que seguirás siendo la misma persona con cargo, fajín, banda presidencial o sin ella. La humildad es la base de toda gestión de un líder. La humildad aquí es método, no modestia retórica. La OCDE ha documentado que la percepción de tener voz en las decisiones públicas influye mucho más en la confianza que las características socioeconómicas de las personas. En el Perú, apenas el 29% declara confianza alta o moderadamente alta en su gobierno local, el nivel más bajo de América Latina y el Caribe. La escucha activa es una virtud escasa en los gobernantes, especialmente acercarse a las zonas marginadas (la verdad siempre suele estar ahí), a la oposición y a los ciudadanos que votaron por otra opción. Lideren y gobiernen para todos. Eso será grandeza.

2. Meritocracia. Rodearse de personas que elogian, que no cuestionan y ocultan verdades es la mayor tentación. El gran reto es poner al mejor en cada puesto. Nada de primos, compadres ni cuotas partidarias. Mérito puro. Reglas claras en el servicio civil, rechazo de regalos y sanciones drásticas ante delitos, faltas o conflictos de intereses. En el Perú, los ministerios y otras dependencias han sido moneda de cambio. Muchos gabinetes, un mercado de favores. Cada vez que se nombre a alguien, pregúntese solo esto: ¿es la persona más capaz? Y si la respuesta depende de votos o amistades, ya perdió. Su equipo es su gobierno. Los mejores son honestos, dicen verdades incómodas, buscan sostenibilidad y son coherentes.

3. Templanza: prometer menos de lo que puede cumplir. Muchas instituciones describen los dos determinantes de la confianza en los políticos: a) la competencia, generando una gestión fiable y capaz de responder tanto a emergencias como a retos de largo plazo; y b) los valores, como la equidad, la integridad y honestidad. Antes que virtuoso, un gobierno confiable es el que cumple lo que anuncia. El 28 de julio se ofreció culminar la Línea 2 del Metro y ejecutar las líneas 3, 4, 5 y 6. En un país que en febrero registraba más de 2,700 obras públicas paralizadas, quizá convenga acotar la lista y publicar un tablero con fechas verificables, en línea con el método y la ruta clara que la misma presidenta ha prometido. Superar expectativas modestas rinde más que quedar debiendo las grandiosas.

4. Coraje institucional: proteger a quien fiscaliza. Una virtud infrecuente es cuidar a quienes existen para incomodar o fiscalizar al poder. La alta percepción de corrupción, el tráfico de influencias y la interferencia política sobre las entidades y organizaciones que fiscalizan la gestión pública son la regla en el país. Recuperar esa confianza vale más que cualquier discurso sobre integridad, y se demuestra, por ejemplo, absteniéndose de intervenir en la designación de los titulares de los órganos de control o de recortarles el presupuesto cuando incomoden.

5. Desprendimiento: gobernar para el quinto año. Dos frases de la presidenta merecen tomarse literalmente: “pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, y “gobernar cinco años, ni un día más”. El fenómeno de El Niño y la inseguridad exigen acción ya. Pero si solo reacciona a las crisis, en cinco años habrán gestionado emergencias, sin cambiar nada de fondo. Las decisiones fáciles dan likes hoy y crisis mañana. Las difíciles generan silencio hoy y prosperidad después. Elijan la segunda.

Les quedan 1,820 días según el propio conteo. Son pocos para lo que el país necesita, y no alcanzarán sin trabajar mucho: jornadas largas, expedientes leídos hasta el final, viajes a las regiones y decisiones tomadas a tiempo. No conozco reforma en el Perú que se haya logrado de otro modo.

Permítanme terminar lejos de las cifras. En un mercado de Juliaca, donde ocho de cada diez trabajan sin contrato, una mujer abre su puesto a las cinco de la mañana y paga cupo antes de vender su primer sol del día, seguramente no leerá esta carta, como tampoco la leerá el mototaxista que sale cada día sabiendo que el año pasado 239 transportistas fueron asesinados. Pero ambos sabrán, sin necesidad de encuestas, si el nuevo gobierno les sirvió. Ese es el peso real de los cargos, fajines y banda presidencial. Les deseo, señores servidores, un último día en que alguien se le acerque en la calle solo para decirles: ¡muchas gracias!

Jorge Toyama Miyagusuku es socio de Vinatea & Toyama Abogados.

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