
En los últimos años las microfinancieras fueron golpeadas por diversos factores negativos como la pandemia, desastres climáticos y conflictos sociales que derivaron en la intervención de entidades o en procesos de adquisición.
“No solo hablamos de cajas rurales o financieras, sino también de cajas municipales. Si hacemos un análisis por tamaño veremos que las más afectadas son aquellas con activos de S/ 600 millones o menos. Además de estar en rojo, su solvencia se muestra muy frágil”, dijo a Gestión Rosanna Ramos-Velita, presidenta del directorio de Caja Los Andes.
Al cierre del 2024, 12 de las 30 entidades de microfinanzas que operan en el país registraron activos por debajo de dicho monto, entre ellas, cuatro cajas municipales, dos financieras, tres cajas rurales y tres empresas de crédito, según datos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS).
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La ejecutiva sostuvo que durante los primeros años de crisis sanitaria fue adecuado brindar soluciones de corto plazo para garantizar la continuidad en las operaciones de estas instituciones, aunque ahora hay un problema sistémico. Este es un factor crítico que se debería solucionar, acotó.
“Asumir que mecanismos temporales para levantar capital, como la deuda subordinada, serán una solución constante ya no es racional. El riesgo hoy es más alto que hace cinco años, un hecho que deben incorporar todas las instituciones”, expresó.
Pérdidas
En la misma línea, Ronald Casana, representante del Colegio de Economistas de Lima, señaló que ha pasado un periodo suficiente para que las instituciones más golpeadas hayan establecido un plan de recuperación.
“Aceptar dos o tres años de resultados en rojo, con rentabilidades negativas sobre el patrimonio o sobre activos como consecuencia de una estrategia para salir de la crisis es aceptable, tal como se vio en bancos como Alfin o Falabella que hoy muestran ganancias”, comentó.
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Sin embargo, acumular cinco años de pérdidas no es saludable pues la calificación de riesgo de estas instituciones se deteriora y se hace cada vez más difícil conseguir fondeo de otra fuente distinta a los depósitos de sus clientes, afirmó.
Incluso los ahorros en las microfinancieras han disminuido, ya que los usuarios deciden moverse a entidades de mayor tamaño que les brinden seguridad. “La gente se informa cada vez más, está pendiente de los cierres que ejecuta la SBS y prefiere estar en lugares donde sus ahorros no sean retenidos en cualquier momento por alguna intervención”, manifestó.
Y la respuesta de las microfinancieras ha sido subir la tasa de los depósitos a plazo para seguirlos atrayendo fondos, lo que termina por afectar sus márgenes y, por ende, sus resultados, añadió.
Decisión
Ramos-Velita indicó que es momento de que las entidades más deterioradas se pregunten cuánto más capital necesitan para seguir de pie con las pérdidas que arrastran, o tomen una decisión que podría encaminarlas a una fusión con microfinancieras de mayor escala.
En las cajas rurales y financieras los dueños son inversionistas privados, personas o fondos de inversión, que deberán evaluar si seguirán invirtiendo y, sobre todo, si podrán seguir cumpliendo con las exigencias del regulador en cuanto a solvencia, señaló.
“Sostener el mínimo de capital requerido mientras se sigue perdiendo no es sostenible, no conozco a ningún empresario o persona de negocios que quiera seguir invirtiendo en algo que no le rinde, pero es decisión de cada uno”, aseveró.

Entidades de mayor envergadura
Ronald Casana ve la fusión, adquisición o absorción como una alternativa para evitar nuevos cierres de entidades que afectan a los usuarios de las microfinancieras.
“La deuda subordinada podría permitir el ingreso de capital, pero si no se administra bien volverán a lo mismo. Y si no buscan unirse a otra institución, deberían hacer cambios verdaderos en sus equipos, involucrar a especialistas de entidades de mayor tamaño y no rotar puestos entre los mismos gerentes o directores”, concluyó.
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Economista de la Universidad de Piura. Actualmente se desempeña como redactor de Finanzas en Diario Gestión.