
Estudiar educación superior representa un gasto muy alto en las familias peruanas. No solo por el costo de la matrícula y la pensión, sino por los gastos complementarios durante los estudios (vivienda, transporte, alimentación e internet).
El mayor gasto promedio se registra en las universidades privadas de Lima, donde una familia desembolsa, en promedio, S/ 21,000 al año, reporta un estudio desarrollado por el BID y Centro para el Análisis de Políticas Públicas de Educación Superior (CAPPES), en el marco del Día Mundial del Acceso a la Educación Superior (26 de noviembre).
Agrega que ese monto representa el 207% del ingreso per cápita promedio. “Es decir, muchas familias tendrían que destinar casi dos años completos de ingreso por persona para financiar estos estudios. Incluso en institutos privados, el gasto anual supera el 100% del ingreso per cápita”, subraya el estudio “El gasto real de estudiar educación superior en América Latina ¿cuánto invierten las familias y qué apoyo financiero reciben los estudiantes?”.
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Aunque las instituciones públicas de Perú no cobran una pensión, los estudiantes de universidades públicas requieren en promedio S/ 8,500 al año para cubrir distintos gastos como alimentación, vivienda y equipos tecnológicos.
“Si no se brindan apoyos económicos a las familias, la educación superior corre el riesgo de seguir siendo un privilegio reservado, perpetuando las desigualdades sociales y socavando los objetivos de equidad”, subraya el estudio.
Por su parte Jorge Mori, director del CAPPES, resaltó que actualmente solo tres de cada diez jóvenes peruanos transitan de la educación básica a la educación superior. “Se necesitan instrumentos de financiamiento; la gente pobre no termina de ingresar pues la educación de calidad es cara”, remarcó.
Modalidades de financiamiento estatal en Perú resultan insuficientes
Respecto al financiamiento estatal, si bien Pronabec (Beca 18 y Beca Permanencia) ofrece una cobertura integral (es decir, cubre los gastos directos como complementarios), sólo logra atender a menos del 3% de la matrícula actual. En contraste, otros países como Chile atienden a más del 50% de los estudiantes.
Adicionalmente, Perú carece de un sistema de créditos educativos robusto como los de Chile, Colombia y Costa Rica, agrega el estudio. A fines de 2023, Perú solo registraba 270 beneficiarios de créditos educativos, una cifra mínima comparada con los 126,167 de Chile o 59,580 de Colombia.
¿Por qué? Tanto Chile como Colombia y Costa Rica cuentan con instrumentos de financiamiento parciales, a diferencia de instrumentos integrales: se tienen becas exclusivas para alimentación y otros subsidios solo de los gastos de pensión. Cubrir menos tipos de costos les permite apoyar a una mayor cantidad de estudiantes.
“Beca 18 es una respuesta integral que resuelve el problema económico a muy pocos jóvenes debido a que cubre todos sus costos y ello encarece esta política pública”, subrayan.
Por ello, para ayudar a más familias a financiar la inversión que se requiere para cubrir la educación universitaria, proponen tomar los ejemplos de países de la región y que en Perú se diseñen esquemas de créditos y becas parciales sostenibles y escalables.
“Las becas son insuficientes para el problema de acceso a la universidad. En el Perú casi no existe un sistema de créditos educativos y es urgente promoverlo”, remarcó Mori.
¿Qué implica un esquema de becas y créditos parciales? Jorge Mori da algunos ejemplos. Podrían financiar no solo la carrera completa de cinco años, sino algunos semestres, según las necesidades de los estudiantes.
Otra opción es implementar créditos destinados a la manutención. “También pueden darse esquemas mixtos, con becas los tres primeros años y créditos en los dos últimos años de la carrera”, agregó Mori.

Licenciado en periodismo de la PUCP, con más de diez años de experiencia en medios de prensa escritos y digitales.








