
Escribe: Jorge Beingolea, Vicepresidente de Soluciones de Portafolio de Credicorp Capital Asset Management
(3 de abril del 2025) El primer trimestre del año fue pobre para las acciones globales (rindieron -1.32%) y bueno para la renta fija (el bono a 10 años del tesoro estadounidense retornó 2.92%). En general, este resultado está explicado por un factor sistémico y otro más idiosincrático que afectaron, principalmente, a los agentes económicos e inversionistas de EE. UU.
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Lo sistémico tiene que ver con la sorpresa negativa que trajo el enfoque -aparentemente disperso- del gobierno de Donald Trump en endurecer la política arancelaria de su país con sus principales socios comerciales. Esto no solamente ha generado la posibilidad de que EE. UU. entre en un periodo de estanflación (bajo crecimiento con inflación alta), sino que ha aparecido cuando el consenso esperaba más bien que Trump se enfocara decididamente en medidas de estímulo tanto a la demanda (recortes tributarios) como a la oferta (desregulación). Así, la confianza del consumidor y el empresariado se ha debilitado, lo cual ha empezado a reflejarse también en indicadores “duros” de actividad económica (ventas minoristas e inversión en capital).
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Este evento sistémico se ha conjugado con uno más idiosincrático: el alto ratio precio/utilidad de las grandes empresas tecnológicas de EE. UU. -y, por extensión, de la bolsa estadounidense en general- y la amenaza incipiente a su dominio del desarrollo de la inteligencia artificial por parte de las tecnológicas chinas.
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Estos múltiplos sugerían un optimismo quizás exagerado que dejaba en una posición vulnerable a la bolsa de EE. UU., sin embargo, las altas expectativas se han visto sinceradas en la reciente corrección del S&P 500. Si bien la ácida postura del gobierno de Trump hacia sus aliados y/o socios comerciales ha impulsado a estos países -en particular, China y Alemania- a aprobar medidas agresivas de estímulo fiscal para tratar de protegerse, lo cual ha beneficiado a sus bolsas locales, esto no ha sido suficiente para que el ACWI (el índice representativo de la bolsa global) pueda sostenerse en terreno positivo.
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El otro lado de la moneda en este contexto ha sido el marcado aumento en la búsqueda de protección ante la volatilidad y el ensombrecimiento del panorama político y económico. Al ya mencionado retorno positivo de los bonos del tesoro estadounidense, se sumó la notable performance del oro, que rindió 18.6% en los 3 meses al 31 de marzo de este año. Si bien esto refleja en buena parte la consistente demanda por oro de bancos centrales buscando diversificar la composición de sus reservas, también se ha visto explicado por un aumento en la demanda por parte de inversionistas retail. Asimismo, se ha visto también una alta demanda por puts del S&P 500 (un derivado que actúa como una suerte de póliza de seguro que protege al inversionista ante caídas del índice accionario).
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Consideramos que estructuralmente estamos aún lejos de una recesión en EE. UU. Si bien la economía se está desacelerando, lo hace ordenadamente desde un punto de partida alto: la generación de empleo es robusta y el consumo crece. De hecho, la moderación de las expectativas y el posicionamiento en acciones podría eventualmente preparar el camino para un repunte mejor soportado desde el lado fundamental. No obstante, todavía vemos un desacople entre el sentimiento de mercado -bastante negativo- y el posicionamiento en activos de riesgo –que no se ha aligerado en la misma medida. Por ende, mientras no haya mayor claridad en la política arancelaria y un cambio de foco hacia medidas de estímulo, la corrección podría prolongarse. Así, recomendamos cautela en acciones globales en el corto plazo.