
El conflicto en Medio Oriente suele analizarse desde la óptica política o militar. Sin embargo, para los mercados financieros y la economía global, el factor dominante sigue siendo uno solo: el precio del petróleo como principal fuente de incertidumbre. El petróleo actúa como un shock de costos para la economía mundial, reabriendo el debate sobre inflación y el margen de acción de los bancos centrales.
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La transmisión del shock petrolero hacia la economía opera a través de cuatro canales principales: i) afectando el ingreso real disponible de los hogares y su demanda de consumo, ii) elevando los costos de producción ante disrupciones en cadenas de suministros y flujos de comercio, iii) endureciendo las condiciones de financiamiento, y iv) deteriorando la confianza de consumidores y empresas ante la incertidumbre geopolítica, afectando las decisiones de inversión de mediano plazo.

La fuerte subida en el precio del petróleo tras el inicio del conflicto ha generado una rápida reacción en las expectativas de inflación en EE. UU. para los próximos doce meses, pasando de 2.5% a superar el 5.5% previo al anuncio de la tregua. Sin embargo, las expectativas de inflación para el segundo año se mantienen mucho más cerca de la meta de la Fed. El mensaje es que el mercado interpreta este episodio como un shock transitorio y no como un cambio estructural, precisamente el punto que hoy monitorean los bancos centrales para evaluar su margen de acción. Previo al conflicto, se esperaban dos recortes de tasas en EE.UU. para este 2026 y actualmente no se esperan movimientos. En Europa la situación es aún más drástica, pasando de un recorte a esperar tres subidas de tasas para este año.
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La situación para los bancos centrales hoy es complicada y enfrentan un dilema claro: bajar tasas cuando la inflación está repuntando es difícil (tanto por credibilidad como por política), pero subir tasas para responder a un shock de oferta también tiene costos, porque puede frenar aún más el crecimiento sin resolver la causa del problema. Esa tensión es la que hace que el mercado no tenga una sola historia clara sobre qué harán los bancos centrales hacia adelante. Y como siempre digo, lo que más perturba al mercado siempre es la incertidumbre.
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Un punto a favor es que los mercados ya han hecho parte del trabajo: con tasas largas más altas y condiciones financieras más ajustadas, se produce un endurecimiento que reduce la necesidad de que los bancos centrales suban tasas de forma explícita. Por ello, el shock energético ligado al conflicto en Medio Oriente ha generado volatilidad y pérdidas de corto plazo en renta fija, junto con un ajuste rápido en las expectativas de tasas. Sin embargo, no deberíamos esperar un cambio estructural del régimen macro ya que las expectativas de inflación de largo plazo aún permanecen ancladas. En este contexto, resultará fundamental mantener una duración bien calibrada en los portafolios de renta fija, con foco en calidad crediticia y diversificación global activa.
Antonio Risso es Managing Director de Wealth Management de Credicorp Capital.







