
Sandro Denegri, Chief Data Offier de Mibanco
Existen varias características que distinguen al Homo sapiens de otras especies. Dos de las más determinantes son su cerebro excepcionalmente grande -en proporción a su cuerpo- y su capacidad única para crear herramientas: la tecnología.
La historia de nuestro cerebro está íntimamente ligada a la primera gran tecnología que dominamos: el fuego. Gracias a él, los humanos pudimos modificar nuestro entorno, extender nuestras horas de actividad, defendernos de depredadores… y cocinar. Este último punto, aunque suele pasar desapercibido, fue decisivo.
Volvamos al cerebro. En nuestra especie, este órgano es pantagruélico en términos energéticos: pesa apenas el 2% del cuerpo, pero consume cerca del 20% de todas las calorías. ¿Cómo logró crecer tanto? A través de una redistribución energética (*). Cuando el cerebro aún era pequeño, la evolución necesitó asignarle más energía, pero esa energía debía salir de algún otro sistema. El elegido fue el tracto digestivo.
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El cambio vino acompañado de una transformación en la dieta: el Homo sapiens pasó de consumir principalmente vegetales a incorporar más carne, con una diferencia clave respecto a otros carnívoros: la expuso al fuego. Cocinar facilitó la digestión, permitió acortar los intestinos y redujo su demanda energética -hoy representan alrededor del 4% del gasto energético y el 7% del peso corporal, sin incluir el hígado-. La energía liberada se redirigió al cerebro.
En síntesis: el ser humano usó la tecnología para gastar menos recursos en su sistema digestivo y más en su capacidad cognitiva.

¿Qué tiene que ver esto con las empresas? Mucho.
Hoy, las organizaciones gastan enormes cantidades de presupuesto -energía- en los procesos de ingesta, limpieza y preparación de datos: su “aparato digestivo”. Estos recursos superan ampliamente a los que se destinan al análisis profundo, la generación de insights y la toma de decisiones: el “cerebro”.
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La inteligencia artificial puede ser el equivalente moderno del fuego. Los agentes de IA ya pueden diseñar, desarrollar, probar, supervisar y reparar flujos de datos hacia las plataformas analíticas. Esto libera talento humano para tareas de mayor valor agregado: interpretar la información, descubrir oportunidades y generar impacto real en el negocio.
Por eso, nuestra recomendación es clara: mételes fuego a tus datos y haz crecer tu cerebro empresarial.
(*) Según la teoría del trade-off de Aiello y Wheeler. Algunos biólogos evolutivos sostienen que el crecimiento del cerebro pudo haber comenzado antes del uso sistemático del fuego por parte de los humanos.








