En poco tiempo, también las actitudes presidenciales se convierten en zigzagueantes, y la presidenta pasa en dos días de pedir que se dejen de lado las banderas ideológicas y se busque la paz a tener un discurso duro y polarizador.  (Foto: Cesar Bueno@photo.gec)
En poco tiempo, también las actitudes presidenciales se convierten en zigzagueantes, y la presidenta pasa en dos días de pedir que se dejen de lado las banderas ideológicas y se busque la paz a tener un discurso duro y polarizador. (Foto: Cesar Bueno@photo.gec)

En este nuevo período gubernamental hay dos casos que rápidamente se han convertido en relevantes, aunque no por ser positivos, y que demuestran que, a pesar de que ya nos acercamos a los tres meses de gestión, todavía no se encuentra la brújula ni la ruta para gestionarlos medianamente bien. Todavía no se ha hecho una encuesta que nos diga qué piensa la sobre la y si esta es mejor, igual o peor que la unicameralidad. Obviamente, es muy poco el tiempo transcurrido como para tratar de hacer un juicio de valor serio al respecto. No ha salido una sola ley del todavía. Sin embargo, estamos casi de que la ciudadanía ya tiene una primera impresión sobre el comportamiento de este

La solicitud de las facultades por parte del Ejecutivo ha desnudado una serie de errores, vacíos y problemas en el diseño mismo de la bicameralidad, en el manejo y la relación de cada una de las cámaras y entre ellas, y en el espíritu y la redacción del reglamento en cada caso. Y la prueba más grande es que ninguna de las cámaras, ni los mismos miembros de cada una de ellas, aun dentro de las mismas bancadas, saben o se ponen de acuerdo sobre cuáles son las prerrogativas y los límites que tienen los diputados y los senadores.

Quizás estos vaivenes han hecho que los resultados de la encuesta de AtlasIntel/Bloomberg muestren una nueva y abrupta caída de la aprobación presidencial, llevándola hasta solo un 28.3%. (Foto: GEC)
Quizás estos vaivenes han hecho que los resultados de la encuesta de AtlasIntel/Bloomberg muestren una nueva y abrupta caída de la aprobación presidencial, llevándola hasta solo un 28.3%. (Foto: GEC)

Van ya varias semanas en las que todos los parlamentarios, incluidos los que redactaron los reglamentos en el Congreso anterior, tratan de desentrañar el misterio de lo que significa “desnaturalizar” o buscan darle el significado que mejor se acomode a sus intereses. Lo mismo ocurre con aquello de que solo los diputados tienen iniciativa legislativa y que los senadores no pueden modificar lo que les envían los diputados.

Pero, aparte de ello, están las actitudes, esas que son las que la población puede ver en vivo y en directo o que son difundidas con el sesgo correspondiente en las redes sociales o en los medios de comunicación. Esas actitudes que hacen que la gente, muy probablemente, empiece a pensar que, con bicameralidad o unicameralidad, todo sigue siendo igual y que le hacen recordar ese refrán que dice que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

En la etapa de la discusión en la Cámara de Diputados, la palabra más repetida era “obstruccionismo” y hacía referencia a las actitudes de Juntos por el Perú y a su incomprensible negativa a discutir, siquiera, la posibilidad de otorgar alguna facultad al Gobierno. Hoy, a pocos días de elevarse el tema al Senado, la palabra que empieza a repetirse es “autoritarismo” y hace referencia al manejo del fujimorismo en la Comisión de Constitución de esa cámara, al extremo de que una senadora oficialista ha señalado que ser autoritario no es tan malo.

Así las cosas, lo más probable es que, a casi tres meses de iniciadas sus funciones, este Congreso empiece rápidamente a compararse con el anterior y que no nos sorprenda que en poco tiempo se empiece a decir que este es peor.

En poco tiempo, también las actitudes presidenciales se convierten en zigzagueantes, y la presidenta pasa en dos días de pedir que se dejen de lado las banderas ideológicas y se busque la paz a tener un discurso duro y polarizador, con una escenografía militarizada y con frases innecesariamente confrontacionales.

La presidenta viaja próximamente a El Salvador a visitar a un Nayib Bukele que ahora propone liberar condicionalmente a cerca del 50% de los presos acusados de colaborar con pandillas en El Salvador e informó entusiastamente al país que tuvo una llamada con Delcy Rodríguez, la ahora presidenta de Venezuela, un personaje controversial que mantiene en su país a una gran cantidad de presos políticos y que parece no tener muchas ganas o no tener instrucciones de buscar un retorno a la democracia en Venezuela en el corto plazo.

Quizás estos vaivenes han hecho que los resultados de la encuesta de AtlasIntel/Bloomberg muestren una nueva y abrupta caída de la aprobación presidencial, llevándola hasta solo un 28.3%, desde aquellos primeros días de Gobierno en los que las encuestas le dieron alrededor del 60% de aprobación. Un resultado que, si se confirma con las encuestas de las reconocidas empresas nacionales, resultaría sorprendente en un Gobierno que tiene muy poco tiempo de gestión.

No sabemos qué efecto puedan tener en las próximas encuestas las nuevas actitudes o anuncios presidenciales de los últimos días, como las medidas para mejorar la disciplina en los colegios o estos días de bronca en el Senado, pero lo cierto es que la presidenta se mueve entre márgenes que deben generarle preocupación y la necesidad de un análisis serio y objetivo.

El marketing, los gestos y las medidas efectistas tienen sus límites, y solo ayudan cuando se constituyen en complemento de una gestión con una dirección definida, objetivos claros y acciones con resultados.

Tanto en el Congreso, en ambas cámaras, como en el Ejecutivo, hay mucho que trabajar y mejorar, pero para eso se requiere de liderazgo y de manejo político.

Enrique Castillo es periodista

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