
Escribe: José Ricardo Stok, profesor emérito del PAD
Mucha gente recurre a los rompecabezas como juego o pasatiempo. Sin embargo, pocos habrán reparado en las consecuencias que nos puede aportar para nuestra vida diaria o en la empresa. Al inicio, estamos como desorientados: no sabemos por dónde comenzar; vemos muchas piezas, similares y que dejan la sensación de habernos metido en algo que nos supera. Así nos ocurre en la empresa cuando nos enfrentamos a un nuevo año, y más si este implica elección de nuevas autoridades; por supuesto que nos gustaría lograr armar todo como muestra la fotografía que nos presenta el juego (o la que nos imaginamos), pero ¡qué complejo y arduo se ve!

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Los habitués recomiendan comenzar por los bordes: el marco, los límites. ¿Conozco yo mis límites o los de mi trabajo en la empresa? Porque tenerlos, los tenemos: no somos perfectos y, más bien, muchos fracasos son consecuencia de ellos. Conocerse es muy importante para construir sobre las propias virtudes o la falta de ellas, las cualidades o los defectos. ¡Qué fácil es identificar los defectos de colaboradores y qué difícil los propios! ¡Qué fácil es ver mis virtudes y qué difícil las de los demás! Y así se hace complejo trabajar en equipo. Como en el rompecabezas: cada pieza tiene su sitio, aunque muchos puedan parecer similares.
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Si queremos tener un excelente año, comencemos por reconocer valientemente nuestros límites. Pero no es una mirada retrospectiva sin más: solemos ser muy indulgentes cada uno consigo mismo. Por eso, nos ayudarán mucho los consejos y orientaciones de quienes nos quieren o aprecian, especialmente si deseamos ir más allá de nuestro trabajo; en la empresa puede que abunden los aduladores o los superficiales, o los de metas cortas o poco exigentes. Mi desempeño en la empresa revelará unas cualidades o defectos, que tal vez sean causa o manifestación de otros en mi vida personal, en la familia, con los hijos o con los amigos. Si no hay una unidad de vida, terminaremos como esquizofrénicos, y confundiremos todas las piezas: no sabremos dónde irán, podemos querer forzar para que encajen… y terminaremos molestos.
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Vamos a mirar el futuro con esperanza: ¡será mucho mejor! No como el que piensa que el mundo es suyo: ¡triste sorpresa se llevará! Sino porque se basa en un conocimiento propio y de su entorno realista, basado en esfuerzo y compromiso, en rectitud y honorabilidad, en exigencia y comprensión.
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Tenemos por delante un buen rompecabezas: es un cuadro espectacular, ilusionante, que queremos convertir en nuestro objetivo. Tiene muchas piezas: hay que empezar por los límites, buscar con paciencia y perseverancia colores o formas similares… Y aunque parezca mentira, las piezas irán encajando; iremos avanzando, poco a poco. Así será este año, así es nuestra vida: un rompecabezas maravilloso, único, en el que nuestra ilusión por resolverlo premiará Dios con magnanimidad.







