
Escribe: Guillermo Boitano, director de la Carrera de Economía de la Universidad de Lima
La concentración bancaria se produce cuando pocas instituciones financieras dominan gran parte del mercado. El poder de mercado, por su lado, es la capacidad de esas empresas para influir en los precios y condiciones de los productos financieros. La primera se convierte en el segundo cuando existen barreras de entrada, como los requisitos regulatorios para que nuevos bancos operen en el país. En el Perú, estos obstáculos hacen que la alta concentración derive en mayor capacidad de influencia de los principales bancos.
Los indicadores domésticos confirman este escenario. En créditos directos, los cuatro mayores intermediarios concentran alrededor del 82%, y el índice Herfindahl-Hirschman (HHI) alcanza el valor del 2006, por encima del umbral de 1800, asociado a mercados altamente concentrados. En comparación internacional con datos del 2021, la participación de activos de los tres bancos más grandes fue 73.77% en Colombia, 70.55% en Perú y 52.18% en Chile, lo que evidencia que este último opera con un sistema relativamente menos concentrado.
Esta diferencia también se refleja en el “precio” de la intermediación: en el 2018, la brecha entre lo que se cobra por un crédito y lo que se paga por un depósito fue de 11.20% en Perú, 7.41% en Colombia y 1.48% en Chile. Un margen mayor sugiere menor presión competitiva.
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La experiencia comparada muestra que el punto clave no es solo cuántos bancos grandes existen, sino qué tan fácil es competir, entrar y escalar, especialmente en el mercado crediticio. Colombia avanzó con el decreto 1297 del 2022, que establece un marco para el intercambio de datos financieros bajo reglas y supervisión. En paralelo, la inclusión financiera aumentó: los adultos con al menos un producto financiero pasaron de 92.3% en el 2022 a 94.6% En el 2023, y el acceso al crédito llegó al 35.3%. En Chile, la Ley Fintech incorporó un Sistema de Finanzas Abiertas orientado a promover competencia, innovación e inclusión, con avances regulatorios en API y salvaguardas.
El mensaje económico es claro: cuando los usuarios pueden autorizar el uso de su información y mover pagos con menor fricción, bajan los costos de cambio y se facilita el ingreso de nuevos modelos que presionan por mejores condiciones.
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Para el Perú, la lección es directa: la concentración se convierte en poder de mercado cuando se combina con barreras de acceso, altos costos de cambio y asimetrías de información, sobre todo en el crédito. Estudios locales revelan alta concentración en créditos y depósitos, con tendencias al alza, lo que obliga a discutir no solo la estructura del mercado, sino su contestabilidad.

La comparación con Colombia y Chile sugiere una hoja de ruta procompetencia: acelerar las finanzas abiertas, estandarizar las API, facilitar la portabilidad de datos y establecer reglas claras para actores digitales. La SBS ya inició este proceso, pero el desafío es de política pública: si la “puerta de entrada” no se abre con rapidez y claridad, la concentración seguirá limitando la competencia y la inclusión financiera; si se avanza, la estructura concentrada perderá capacidad de traducirse en poder de mercado.







