Hoy, ya en el Gobierno, las cosas no se ven tan sólidas. (Foto: GEC)
Hoy, ya en el Gobierno, las cosas no se ven tan sólidas. (Foto: GEC)

de la semana pasada en el ha empezado a sincerar las posiciones de algunos y en las bancadas de la oposición. Y todo eso era algo previsible, sobre todo en «partidos» que, en realidad, han sido o son vehículos para un , sin una sólida, sin ideología o un programa básico, sin disciplina partidaria, y sin un verdadero y reconocido liderazgo.

Lo más notorio ha ocurrido en las bancadas que se autocalificaban o pretendían mostrarse como de centro. En unos casos, como en el de Buen Gobierno, las disidencias han jalado hacia el oficialismo, mientras que, en Ahora Nación, los reclamos o las rebeldías pretenden ir hacia la izquierda o hacia la oposición radical. Obras va hacia donde lo lleve el viento.

En el Gobierno, las cosas son más difíciles aún, y ahí es donde la indisciplina partidaria, los intereses particulares, los apetitos de poder y las “tentaciones” de todo tipo pueden generar graves problemas. (Foto: Congreso).
En el Gobierno, las cosas son más difíciles aún, y ahí es donde la indisciplina partidaria, los intereses particulares, los apetitos de poder y las “tentaciones” de todo tipo pueden generar graves problemas. (Foto: Congreso).

La justificación en ambos casos tiene que ver con diferencias respecto de algunas votaciones en el Parlamento (delegación de facultades, censura a un ministro, etc.), aunque resulta difícil saber cuáles son las verdaderas razones para un cambio de posición tan temprano.

Lo que sí queda claro es que en ninguno de los casos ha habido un buen manejo de la relación interna entre líderes y bancadas, ni de la gestión partidaria. Porque pertenecer a un partido o a una bancada no es ni debería ser algo tan sencillo como entrar a un supermercado y comprar lo que uno quiere.

Se ha señalado, por ejemplo, que por más que un partido marque una posición o la bancada tome un acuerdo en relación con una votación, los congresistas que forman parte de ese partido o bancada pueden votar como quieran, dado que no están sujetos a mandato imperativo, por lo que deberían votar de acuerdo con su conciencia.

Luis Bedoya Reyes, en el PPC, inculcaba a sus políticos la disciplina partidaria y señalaba: “Libertad en la discusión, unidad tras la decisión”. Y esto resulta más que lógico; si no, ¿para qué pertenecer a un partido político o a una bancada? Si se trata solo de votar a conciencia, entonces, ¿por qué no tener un ejercicio libre sin ataduras a bancadas? ¿Para qué tomar acuerdos o tener voceros?

El problema central es la ausencia de una vida y una estructura partidarias, así como de disciplina política, lo que hace que no se tengan cuadros políticos formados y que, al momento de confeccionar las listas parlamentarias, se improvise recurriendo a gente que parece afín a la “línea partidaria”, pero que termina siendo elegida por efecto del voto preferencial y siente que tiene el poder absoluto en sus manos.

¿Alguien puede imaginar a algún miembro de las bancadas fujimoristas votando contra lo establecido por Keiko Fujimori o contra lo acordado por las bancadas? ¿Alguien en el fujimorismo se atrevería a votar en sentido contrario a lo acordado y decir que hizo uso de su voto de conciencia y que no está sujeto a mandato imperativo? Ya sabemos cómo terminaron Kenji y los Avengers. Esa disciplina y verticalidad son las que hicieron de Fuerza Popular, guste o no, la organización política más sólida del país en los últimos años y hasta las últimas elecciones.

Hoy, ya en el Gobierno, las cosas no se ven tan sólidas. Gran parte de los avances y retrocesos, o la falta de una visión conjunta y de objetivos claros y comunes, así como de coordinaciones eficaces en el Gobierno, parecen tener que ver con varios aspectos: i) la falta de pericia política y liderazgo real del primer ministro; ii) la poca coordinación interministerial; iii) las diferencias entre los fujimoristas de siempre y los neofujimoristas; iv) la poca comunicación entre la PCM y el Gabinete, por un lado, y las bancadas, por otro, sobre todo con los senadores y diputados de las regiones; y v) las relaciones que todavía se conservan con ¿“aliados estratégicos”? de Congresos pasados.

Todo esto, que se va notando o se rumorea fuertemente, pone a prueba esa disciplina y solidez fujimoristas y puede ser la fuente de problemas que podrían ir apareciendo, como la insistencia en el cambio o reemplazo del primer ministro, que puede ser negada por alguien de muy alto nivel como José Chlimper, pero que puede estar siendo impulsada por los niveles intermedios o bajos de un fujimorismo que se siente relegado o que ve cosas que nosotros todavía no alcanzamos a ver, pero que seguramente irán saliendo, como lo que ocurre en las altas esferas del Mindef.

El liderazgo firme, la disciplina y las estructuras en la política son necesarios. Partidos como el PPC, el Apra, Acción Popular y el mismo fujimorismo mantuvieron su solidez en la medida en que sus líderes mantuvieron firme el timón e hicieron respetar la organización política interna. Hoy, esos partidos, salvo el fujimorismo, no son ni la sombra de lo que fueron y ya no tienen presente ni futuro. Veamos en lo que se ha convertido Acción Popular y su jardín de “niños”.

En el Gobierno, las cosas son más difíciles aún, y ahí es donde la indisciplina partidaria, los intereses particulares, los apetitos de poder y las “tentaciones” de todo tipo pueden generar graves problemas.

Si el Gobierno quiere que los escolares se disciplinen cortándose el pelo, las uñas, y vistiendo “adecuadamente”, imaginen ustedes cuánta más disciplina deberían tener nuestros políticos, ministros, senadores y diputados, para evitar convertirse en “niños” o en “saltimbanquis”.

Enrique Castillo es periodista.

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