Ignorar comportamientos arrogantes deteriora equipos y decisiones, incluso cuando hay alto talento de por medio. (Foto: iStock)
Ignorar comportamientos arrogantes deteriora equipos y decisiones, incluso cuando hay alto talento de por medio. (Foto: iStock)

El ego es la valoración que tiene una persona de sí misma la cual no es un problema en la medida en que esta autopercepción sea equilibrada. Sin embargo, sucede que hay personas que tienen una valoración excesiva de sí mismas, o lo que es lo mismo, un ego grande, lo que lleva a comportamientos cercanos a la arrogancia, la necesidad de ser siempre el centro de atención, el creer que se sabe más que los demás, el no aceptar críticas y otros comportamientos que son nocivos en un equipo gerencial. A este tipo de ego nos referiremos en este artículo.

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Pues bien, sucede que el verdadero talento ejecutivo, algo escaso desde siempre, algunas veces está acompañado de un ego excesivo, lo cual dificulta el manejo gerencial, generando conflictos y un mal clima de trabajo. Sin embargo, retener en vez de despedir a este tipo de personas tiene sus beneficios ya que suelen ser capaces, apasionadas y muy dedicadas a su trabajo.

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¿Qué hacer en estos casos? Pues bien, el manejo de estas situaciones, que es una tarea indelegable para un líder, requiere inteligencia emocional, autocontrol para no perder la paciencia y una comunicación efectiva.

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Una primera tarea es “marcar la cancha”. Es decir, dejar en claro al subordinado qué puede y qué no puede hacer, esto debido a que la ambigüedad es el combustible que enciende los conflictos. Una segunda tarea es el darle un feedback efectivo y periódico, generando compromisos y planes de acción.

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Una tercera tarea es el incentivar el trabajo en equipo lo cual, además, ayudará en la motivación del grupo, siendo importante en esta tarea que los miembros se conozcan mejor de forma tal que puedan confiar unos con otros.

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Una cuarta tarea es el establecimiento de metas comunes, para lo cual es necesario tener algunos KPI compartidos, además de los individuales. Y, una quinta tarea, es el manejo del conflicto, ya que este es inherente a cualquier organización y no es necesariamente malo, en la medida en que se enfrente con claridad.

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En resumen, el tener en el equipo personas talentosas pero con un ego grande no debe ser visto por el líder como un problema insalvable, sino más bien como una oportunidad y un desafío a sus habilidades gerenciales.

Alberto Haito es director en Arellano.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

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