
Decisiones. Elegir a conciencia a quienes nos gobiernan es decidir qué tipo de país queremos. Una responsabilidad que se hace más grande tras una década de experiencia, con ocho presidentes que no concluyeron un periodo completo. El actual escenario no quedará en una foto de momento, sino que seguirá pasando factura al país que se traduce en falta de confianza y retraso.
Surge entonces la pregunta, ¿qué hemos aprendido del Poder Ejecutivo y Legislativo? Después de 34 años de Congreso unicameral, el regreso del Senado redefine quién controla los contrapesos del poder. A diferencia del jefe de Estado, que parece ser una figura reemplazable cada tanto, o de la Cámara de Diputados, que puede ser disuelta, el Senado será inamovible y tendrá “la última palabra”.
LEA TAMBIÉN: Agroexportación en año electoral: ¿qué funciona y qué está en riesgo? La lección de 2025
Pero pese a su relevancia, paradójicamente, muchos peruanos desconocen que quiénes ocupen esos escaños tendrán en sus manos la revisión final de las leyes aprobadas por los diputados. No será solo de una segunda mirada: podrán ratificar, modificar o archivar proyectos; mejorar la calidad de los mismos o bloquear algunas iniciativas de impacto.
También tendrá competencias exclusivas sobre quién vigila a otras instituciones del Estado: la elección y ratificación de miembros del Tribunal Constitucional, del defensor del Pueblo, del contralor general, y de otras autoridades clave del sistema de control y supervisión como de la SBS e incluso del BCR.
LEA TAMBIÉN: Elecciones 2026: economía les importa a votantes, pero este factor definirá su decisión
Los electores deben de saber que votar en blanco, viciado o elegir senadores con figuras “populares”, sin conocer su trayectoria, sus posiciones frente a la democracia, el desarrollo económico y la corrupción, puede empujar al sistema hacia una regresión autoritaria.
Aquí la ONPE tiene un rol clave, debe procurar que los ciudadanos entiendan cómo votar, realizando campañas informativas de mayor alcance, para que se distinga con claridad el voto en un escenario en el que se superponen niveles nacional y regional. La magnitud de la bicameralidad exige algo más que diseño de cartillas y videos explicativos: hace falta una tarea sostenida de educación al elector.
LEA TAMBIÉN: Confiep pide “más protagonismo” al sector privado para evitar que “cualquiera llegue al poder”
Informar a tiempo, con claridad y en todo el territorio, sobre qué se elige y qué implican esas decisiones, es condición para que el proceso sea democrático. Un Senado fuerte, elegido por una ciudadanía desinformada, puede terminar consolidando intereses particulares y profundizando la desconfianza en las instituciones. Mientras que una cámara elegida por ciudadanos que conocen a sus candidatos puede convertirse en un verdadero contrapeso, capaz de mejorar la calidad de las leyes y proteger mejor la democracia.
La ONPE debe procurar que los electores sepan cómo votar, a través de campañas informativas de mayor alcance. La bicameralidad lo exige".








