Cabría preguntarse si Fujimori tendrá la capacidad (o la intención) de apaciguar los ímpetus dadivosos del Congreso entrante, empezando por su propia bancada.  (Foto: JUAN PONCE VALENZUELA/ GEC)
Cabría preguntarse si Fujimori tendrá la capacidad (o la intención) de apaciguar los ímpetus dadivosos del Congreso entrante, empezando por su propia bancada. (Foto: JUAN PONCE VALENZUELA/ GEC)

Todos están pendientes del Gabinete ministerial que nombrará la presidenta electa, Keiko Fujimori. Sin embargo, aunque elija un equipo de “lujo”, este tendrá que vérselas con un Congreso bicameral que ostentará demasiado poder, heredado del actual, el que incluso se ha atribuido la prerrogativa de aprobar leyes que elevan el gasto corriente del sector público, pese a que la Constitución lo prohíbe. Y lo ha hecho apelando a fórmulas que hubiesen sido risibles hasta hace diez años, como “esta ley no irroga gastos al Estado” u obligando a los pliegos presupuestales afectados a usar sus propios recursos para cubrir los nuevos costos, lo que generalmente ha significado reasignar a gasto corriente sus presupuestos para inversión o mantenimiento.

El Consejo Fiscal (CF) estimó en octubre pasado que, desde agosto del 2021, o sea, apenas asumieron los actuales congresistas, el costo fiscal conjunto de las leyes que aprobaron superaba los S/ 35,000 millones anuales. Este monto es 65 veces más elevado que el total aprobado en los tres periodos parlamentarios previos. Además, hay que sumar los cerca de S/ 15,000 millones anuales en gasto corriente que el Congreso ha aprobado este año. La mayor parte de esta irresponsabilidad fiscal ha estado dirigida a aumentar beneficios remunerativos a servidores estatales, es decir, gasto rígido –aumentos salariales, homologaciones, pensiones, bonificaciones, etc.–, pero en todos los casos se omitió la meritocracia.

Y tanto las bancadas de derecha como de izquierda votaron a favor, haciendo caso omiso a los informes técnicos del MEF y las advertencias de analistas y hasta de organismos multilaterales. No existió el contrapeso que debieron ejercer los sucesivos gobiernos –han sido cuatro–, y el MEF ha perdido el peso político que alguna vez tuvo y sus múltiples ministros se allanaron a los costosos designios parlamentarios.

Cabría preguntarse si Fujimori tendrá la capacidad (o la intención) de apaciguar los ímpetus dadivosos del Congreso entrante, empezando por su propia bancada, pues un mayor aumento del gasto corriente, sobre todo del rígido, ya se ha hecho inviable. Para cubrir ese desequilibrio fiscal, el endeudamiento tiene límites, pues el Perú ya no es considerado un país pobre por los organismos multilaterales, los que pondrán más atención a la reconstrucción de Venezuela, y la emisión de bonos soberanos se encarecerá, pues las tasas de interés incorporarán un mayor riesgo de default. Encima, El Niño (costero y global) exigirá más gastos para afrontar su impacto.

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