
Crisis. Sin una prognosis medianamente clara sobre la duración del conflicto en Irán, el mundo navega en la nebulosa pero con una sola certeza: a medida que la crisis se dilata, más nefastas serán sus consecuencias sobre la economía de todos los países.
Tras un inicial horizonte de cuatro a seis semanas que el presidente de EE.UU., Donald Trump, estimó para la conclusión de la guerra que ese país e Israel empezaron contra Irán el 28 de febrero, y a poco de entrar en la octava semana sin visos de solución, las proyecciones sobre las principales variables económicas se siguen reformulando desfavorablemente.
No obstante, un hálito de esperanza se encendió el 7 de abril, cuando EE.UU. anunció una tregua, corroborada por Irán, aunque no inicialmente por Israel, que se plegó posteriormente pero sin cesar sus ataques sobre el Líbano. Hace una semana, con la intercesión de Washington, Tel Aviv y Beirut acordaron una pausa en las hostilidades que asolaron, sobre todo, a esta última.
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El mundo acogió con beneplácito estos recesos que han menguado el conteo de víctimas. Pero sigue a la deriva, pues, dentro del alto el fuego, persisten las restricciones iraníes al paso de los navíos transportadores de carga, a las que se añadió, desde el 13 de abril, el bloqueo de EE.UU. a barcos que parten hacia y desde puertos de Irán.
El pasado viernes, otro fulgor alumbró cuando el país islámico comunicó la reapertura del neurálgico estrecho de Ormuz, por donde circula un quinto de la producción mundial de petróleo y gas natural. Pero fue efímero pues al día siguiente reanudó los impedimentos a la navegación.
Y, el último martes, a un día de que expirara la tregua, EE.UU. informó que la prorrogaba indefinidamente hasta llegar a un acuerdo con Irán, pero manteniendo el bloqueo en Ormuz, al tiempo que Teherán continuaba con su propio cepo a barcos internacionales.
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Así, esa vía fluvial sigue restringida, con condiciones de paso intrincadas por parte de ambos bandos, y que, en el mejor de los casos, permiten el cruce diario de algo más una decena de portacontenedores, frente a los 140 que circulaban antes del conflicto.
En ese punto muerto, la crisis de suministro mundial de petróleo ya es la peor en la historia, según la Agencia Internacional de Energía. Sus efectos ya se hacen sentir en varios países, incluido el Perú, y ensombrecen las perspectivas económicas.
Por lo pronto, esa agencia, junto con el FMI y el Banco Mundial, advirtieron que, si el conflicto se prolonga, tal como se verifica, abril será peor que marzo para la economía mundial.
En sus sesiones de primavera (boreal), el banco de los bancos centrales resumió que la crisis en Medio Oriente significa menos crecimiento e inflación más elevada en todos los confines.
Así, rebajó su proyección de crecimiento global este año de 3.3% a 3.1%, y, en un escenario más severo, a solo 2.5%.
Esto, indefectiblemente, hará que los ministerios de Economía y bancos centrales del mundo, y por supuesto en Perú, reajusten sus estimados del 2026. Habrá que ajustarse los cinturones.








