La tarea de hoy no es proclamar vencedores antes de tiempo ni alimentar sospechas sin pruebas. (Fotos: Joel alonzo/ @photo.gec)
La tarea de hoy no es proclamar vencedores antes de tiempo ni alimentar sospechas sin pruebas. (Fotos: Joel alonzo/ @photo.gec)

La segunda vuelta celebrada el domingo quedará registrada como una de las más reñidas de la historia reciente. Al cierre de esta edición, con más del 94% de las actas contabilizadas, la diferencia entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori era de unas decenas de miles de votos. Y todo parecía indicar que pasarán días hasta tener un resultado certero.

Antes de discutir quién ocupará Palacio de Gobierno a partir del 28 de julio, conviene destacar algo que ayer pasó relativamente desapercibido: la segunda vuelta fue muy distinta a la primera.

La elección de abril estuvo marcada por problemas logísticos, cuestionamientos a la organización electoral y una fuerte erosión de la confianza pública. El domingo también hubo incidentes. Se detectaron cédulas marcadas en algunos locales, hubo personeros detenidos, entre otras incidencias. Pero, a diferencia de lo ocurrido semanas atrás, el material electoral llegó oportunamente, las mesas se instalaron con normalidad y los problemas fueron atendidos sin afectar el desarrollo general de la jornada. Las organismos públicos actuaron mejor.

La misión de observación de la OEA describió una jornada tranquila y señaló que las incidencias observadas fueron resueltas conforme a la normativa vigente.

Eso no significa que la tarea haya terminado. En realidad, recién comienza la etapa más sensible del proceso. Cuando la diferencia entre candidatos se mide en décimas, cada acta observada adquiere una relevancia política crucial. Por eso, el país necesita dos cosas al mismo tiempo: rapidez y transparencia.

Rapidez para evitar que la incertidumbre se prolongue innecesariamente durante semanas. Transparencia para que cada decisión sea pública, verificable y conocida por las organizaciones políticas, sus representantes y por todos los peruanos.

La experiencia del 2021 demuestra que una elección extremadamente ajustada puede convertirse en terreno fértil para sospechas y acusaciones de fraude. Precisamente por ello, la responsabilidad de los actores políticos es doble: defender sus votos, pero también respetar las reglas del juego democrático.

Mientras tanto, el Perú no está en pausa. La economía enfrenta desafíos inmediatos vinculados a la inversión privada, la inseguridad ciudadana, el deterioro fiscal y los efectos de El Niño. Quien resulte ganador heredará un país dividido, con instituciones debilitadas y una ciudadanía agotada por años de inestabilidad.

Por eso, la tarea de hoy no es proclamar vencedores antes de tiempo ni alimentar sospechas sin pruebas. La tarea es esperar con serenidad, exigir transparencia y permitir que las urnas terminen de hablar. Porque, en democracia, tan importante como votar es saber esperar el resultado.

Estimado(a) lector(a)

En Gestión, valoramos profundamente la labor periodística que realizamos para mantenerlos informados. Por ello, les recordamos que no está permitido, reproducir, comercializar, distribuir, copiar total o parcialmente los contenidos que publicamos en nuestra web, sin autorizacion previa y expresa de Empresa Editora El Comercio S.A.

En su lugar, los invitamos a compartir el enlace de nuestras publicaciones, para que más personas puedan acceder a información veraz y de calidad directamente desde nuestra fuente oficial.

Asimismo, pueden suscribirse y disfrutar de todo el contenido exclusivo que elaboramos para Uds.

Gracias por ayudarnos a proteger y valorar este esfuerzo.