Debemos pensar la energía desde la diversidad del Perú.
Debemos pensar la energía desde la diversidad del Perú.

Hoy comienza en Nueva York el XIX Roadshow de InPerú. Presidir su delegación me entusiasma por el interés de los emisores peruanos y de los inversionistas del mercado de capitales estadounidense, así como de quienes evalúan inversiones directas en nuestro país. Durante dos días, autoridades y empresarios peruanos dialogarán con inversionistas sobre oportunidades concretas.

Ese encuentro expresa una voluntad compartida: conectar proyectos y financiamiento para construir el Perú que podemos ser. Llevamos ventajas que debemos valorar: estabilidad macroeconómica, un Banco Central autónomo, apertura comercial y una trayectoria de integración a los mercados internacionales. Son fortalezas construidas durante más de treinta años, con esfuerzo y continuidad. Pero no podemos dormirnos en nuestros laureles. La competencia por atraer inversiones exige renovar capacidades. El capital tiene alternativas; nuestra tarea es ofrecer condiciones para que elija al Perú y contribuya a elevar la calidad de vida.

Para ello debemos mirar con mayor atención a las regiones. En las entrevistas que vengo realizando a empresarios para una investigación sobre desarrollo productivo regional, aparecen oportunidades diversas, pero también trabas persistentes. Tener recursos naturales, biodiversidad, potencialidad agrícola, recursos turísticos y culturas vivas, no basta para asegurar inversiones. Las ventajas comparativas necesitan infraestructura, servicios e instituciones que permitan convertirlas en productividad, empleo formal y mejores ingresos.

Una prioridad es el ordenamiento territorial. Necesitamos conocer las capacidades y restricciones de cada territorio, dar certeza sobre la propiedad y facilitar usos compatibles de la tierra. Esto requiere información, coordinación entre niveles de gobierno y participación de las comunidades. Planificar debe ayudar a conciliar actividades productivas, ciudades y conservación, anticipando conflictos. Una empresa necesita saber dónde puede instalarse y bajo qué condiciones podrá operar y crecer.

El agua merece un lugar central. Es indispensable para la población y para todas las industrias. Su disponibilidad no se resuelve únicamente con nuevas obras: exige gobernanza para gestionar cuencas, almacenar, mantener infraestructura, reducir pérdidas y promover tratamiento y reúso. La economía circular permite que lo que hoy se desperdicia vuelva a utilizarse. Asegurar agua en cantidad y calidad, con criterios de sostenibilidad, es una política social y una condición del desarrollo productivo.

También debemos pensar la energía desde la diversidad del Perú. Hidrocarburos, gas natural, recursos hídricos, sol, viento y biomasa ofrecen posibilidades distintas según la geografía. Podemos evaluar nuevas hidroeléctricas, sustituir combustibles donde resulte eficiente y aprovechar residuos para generar energía. Cada alternativa debe considerar costos, impactos ambientales y seguridad del suministro. Para una región, contar con energía confiable y competitiva puede definir la llegada de una industria.

Nada de ello avanzará al ritmo necesario sin cumplimiento de contratos y regulación que promueva inversión y competencia. Los proyectos requieren reglas previsibles desde su formulación hasta su operación. También necesitan redes e infraestructura que conecten la producción con los mercados. Atraer capital extranjero y desarrollar el mercado de capitales amplía las fuentes de financiamiento y puede aportar tecnología y conocimiento. Aprovecharlos exige proyectos viables y capacidad de ejecución.

En paralelo, urge eliminar barreras burocráticas. En las regiones, la superposición de competencias, los permisos repetidos y las decisiones sin plazos claros elevan costos y desalientan especialmente a las empresas pequeñas. Desregular exige revisar qué requisitos cumplen un propósito y cuáles solo añaden trámites. Necesitamos procedimientos simples, autoridades coordinadas y decisiones oportunas, preservando estándares ambientales y sociales. La demora tiene un costo en oportunidades perdidas.

El talento humano completa esta agenda. La robótica y la inteligencia artificial están transformando las tareas y las capacidades que demandan las empresas. La educación básica, la formación técnica y la actualización profesional deben preparar a las personas para aprovechar esos cambios. La salud es igualmente decisiva: aprender, trabajar y emprender requieren bienestar. Requerimos desarrollar talento y condiciones para vivir mejor.

Vamos a Nueva York con entusiasmo y con la convicción de que el Perú puede dar un salto en su desarrollo. Corresponde a nuestros dirigentes políticos construir acuerdos y sostener reformas que hagan competitivas a las regiones. La inversión nacional y extranjera puede financiar esa transformación, generar empleo y acercar oportunidades a más familias. Pensar en grande significa actuar en grande. El roadshow abre puertas; convertirlas en progreso requiere trabajo en el país. Nos toca a todos.

Mercedes Araoz es profesora investigadora de la Universidad del Pacífico.

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