
Los nuevos gobiernos siempre generan expectativas que se sustentan en los pendientes que deja el Gobierno saliente, las necesidades de la población y de los sectores, y las promesas que el partido ganador y su candidato o candidata prodigaron durante toda la campaña.
Los problemas que va a enfrentar el nuevo Gobierno no son pocos: i) lo mal hecho, lo dejado de hacer, y lo destruido por los últimos gobiernos y este Congreso que se va; ii) todo aquello que se ha convertido en los más graves problemas que afectan directamente a la población (delincuencia en general, salud y Essalud, posible impacto del fenómeno de El Niño, educación y Beca 18, etc.); iii) los temas económicos (Petroperú, economías ilegales, la informalidad, crecimiento de la pobreza; infraestructura en general, empleo, destrabe de los grandes y medianos proyectos etc.); y aunque no son nuevos, han tomado una dimensión que hacen muy difícil, incluso, empezar a solucionarlos.
Para solucionar todos estos problemas se necesita una visión clara de hacia dónde se quiere llevar al país, objetivos muy concretos en cada caso, y un plan de acción realista, y en muchos casos creativo, que nos saque de las mismas recetas obsoletas e inútiles que los últimos gobiernos y gabinetes nos han querido “vender” sin resultado alguno.
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Y cuando hablamos de realismo nos referimos a dejar de apelar a recursos efectistas o grandilocuentes que nos plantean leyes, normas o acciones que suenan bien pero que no se cumplen o no nos llevan a nada. Y ejemplos hay muchos, como los estados de emergencia, el patrullaje de los militares, la prohibición de dos personas circulando en una moto lineal, las ventanillas únicas, los procesos de “formalización”, y un largo etcétera.
El pedido de facultades legislativas es otro recurso al que los nuevos gobiernos y gabinetes nos tienen un poco acostumbrados. Y este Gobierno electo ya lo planteó. No está mal, por supuesto, el tratar de contar con los recursos legales necesarios para hacer frente a los problemas mencionados, si se tiene claro lo que se quiere.
Quizás, sería muy importante que este nuevo Gobierno, en paralelo a dar nuevas leyes, dedique parte de su esfuerzo rápidamente a revisar, modificar y/o derogar o llevar al Tribunal Constitucional, las leyes que ha dado el Congreso que se va, y que van a generar forados a la caja fiscal, así como aquellas que podrían ser contraproducentes para la lucha contra el crimen organizado.
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Pero también hay que tener en cuenta que la profusión de leyes no necesariamente significa mayor orden, y que muchas veces la solución de los problemas no pasa por modificaciones legales o nuevas leyes.
En una gran mayoría de los casos el problema y su solución depende más de la actitud, la capacidad, y la honestidad de las personas.
En muchas dependencias y organismos públicos se paralizan permisos, proyectos, obras, o acciones, solo y nada más que por corrupción. Y no hablamos solo de los niveles intermedios o bajos de la administración pública, sino de los niveles más altos, tal como se ha visto en innumerables denuncias sobre situaciones en las que, por ejemplo, se busca generar escasez de medicinas para luego declarar situaciones de emergencia y comprar a precios exorbitantes que incluyen todo tipo de coimas y comisiones. Lo mismo pasa en la compra de equipos, pertrechos, vehículos y armas para la Policía; o armamento militar que en este momento no debería ser una prioridad.

Por ello, seguimos sosteniendo que la primera gran reforma que debe emprender el nuevo Gobierno es la de formar todo un equipo que tome las riendas de las instituciones más importantes y que mayor relación tienen con la solución de los más graves problemas que enfrenta el país, para realizar una “limpieza” general que permita, no solo generar las capacidades y agilizar el trabajo en cada una de ellas, sino también, y primordialmente, dar una señal clara de que no habrá cabida para la corrupción, el amiguismo, o los arreglos bajo la mesa.
La mochila de pasivos que todavía carga el fujimorismo va a hacer que cada nombramiento, designación o incorporación al Gobierno sea mirado con lupa por los medios y la opinión pública. Por ello, la tarea de buscar a los mejores funcionarios, sin sospechas ni procesos, debe ser una prioridad y no puede ser tomada a la ligera.
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Tendrán que mostrar resultados a muy corto plazo en algunas cosas, y a mediano plazo en otras, y esa lista de prioridades tendrá que ser también un trabajo cuidadoso pero efectivo. La frustración, debido a las sobre expectativas que se está instalando en algunos sectores, puede aparecer rápidamente con resultados negativos y prematuros. Y en esto, será de vital importancia la comunicación que se establezca con los medios y la población desde ahora. La transparencia será otra de las exigencias que la población haga al nuevo Gobierno.
El Gobierno no tendrá pausa, y si no es consciente de ello, los problemas los tendrán tocando la puerta de Palacio muy tempranamente. Y todo dependerá de la gente que elijan.
Enrique Castillo es periodista.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.







