
Escribe: Ana María Martínez, cofundadora de Kaudal
Hoy me iré por la tangente de los temas tecnológicos que suelo tocar en esta columna de opinión, pues dos casos recientes me llevan a traer a discusión un tema que me inquieta desde hace años: el impacto negativo que están teniendo las redes sociales en los jóvenes. Todos los adultos, como padres, madres y educadores debemos tomar acción. Pero también creo que los líderes empresariales y anunciantes en las redes sociales tienen una posición privilegiada desde la cual pueden ejercer mayor exigencia y sensatez.
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La presión por la belleza en niñas cada vez más chicas
Hace un par de días en Linkedin, usando el #gomorado, la fundadora y CEO de Morado, una startup que empezó como un marketplace de productos de belleza, publicó con emoción una gran noticia. Mostrando un gráfico de Business o Fashion (BoF), comentó que la edad promedio para empezar a usar productos de belleza está bajando drásticamente generación tras generación. En la generación boomer era 19 años, en los millenials 15 años, en la generación z 13 años y ahora en la generación alpha es apenas 8 años. Recibió tantas críticas en el post, que tuvo que eliminarlo.
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Este problema va más allá de este post poco pensado y de esta empresa. Hay varios negocios obsesionados por vender más, involucrados en la larga cadena de hacer a las niñas más ansiosas por su belleza. Las redes sociales son grandes responsables, con filtros para sus fotos, pero sin filtros adecuados para prevenir que niñas tan pequeñas y emocionalmente vulnerables pasen horas viendo contenidos que les causan más daño que beneficio. También son responsables las múltiples marcas de belleza y las tiendas que distribuyen sus productos, quienes no toman acciones para evitar que madres (o niñas directamente) gasten en productos que no necesitan a tan temprana edad.
Nadie parece estar priorizando estas medidas. Parece que la tentación de ganar nuevas consumidoras de belleza muy temprano, antes que la competencia, es más grande que la ética de prevenirlo. Nos toca entonces a nosotros mismos, los consumidores, exigirlo y premiar con nuestra lealtad a las marcas o tiendas que lo hagan. Esta es una oportunidad de mercado que marcas sensatas deberían explorar.
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La manosfera, popularizada en la aclamada serie de Netflix, Adolescente.
Si aún no han visto Adolescente, una serie que ha capturado la atención de más de 25 millones de espectadores, les recomiendo que lo hagan. La serie aborda la preocupante realidad de muchos jóvenes varones heterosexuales que, sintiéndose perdidos y solos, recurren a redes sociales donde son radicalizados por figuras tóxicas.
Un ejemplo es Andrew Tate, uno de los influencers más polémicos y ahora acusado de delitos sexuales. A pesar de sus contenidos misóginos, donde incluso promovía la violencia contra la mujer, fue la persona más buscada en Google en el año 2022. Es preocupante que con sus evidentes contenidos inapropiados en YouTube, Tiktok y otras redes, su visibilidad haya crecido tanto sin que nadie lo detuviera. Incluso hoy, luego de ser supuestamente “baneado”, aún hay videos de él en internet con millones de vistas.
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Ante esta situación, yo me pregunto, ¿las mentes brillantes que trabajan en estas empresas de tecnología no pueden crear un algoritmo que alerte sobre contenidos que están ganando rápida popularidad en cierto sector demográfico y se fomente la revisión de los mismos? ¿No se puede diseñar en Reddit, un algoritmo que detecte conversaciones tóxicas y clausure subreddits y moderadores inapropiados? Estoy segura que si los líderes de estas empresas lo priorizan, puede lograrse. Muchos creen que este problema debe resolverse con educación en casa y colegios. Estoy de acuerdo, pero es una realidad que las redes sociales son la gasolina que alimenta y propaga el fuego de esta gran problemática. ¿No se debe entonces controlar este combustible?
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De alguna manera, todas las personas consumimos estas redes sociales y nuestras empresas las usan para dar a conocer sus productos y servicios. Por eso, hoy quise usar mi columna para llamar a los líderes empresariales a ser más vigilantes de su uso, en sus hogares y en sus empresas. Las redes sociales ganan más dinero a medida que retienen más la atención de sus usuarios y ceden espacios publicitarios a las empresas. En este modelo de negocios, los líderes empresariales pueden tomar más control y ser más exigentes en el tipo de medios y contenidos donde pueden aparecer sus anuncios y a qué audiencias. No se trata solo de publicitar y vender sin límites, sino de hacerlo con responsabilidad. El verdadero liderazgo empresarial va más allá de las cifras del negocio e incluye una dimensión ética y un compromiso con la sociedad que no se puede pasar por alto.
