
En los aeropuertos de Estados Unidos, los pasajeros han aceptado con resignación reglas como quitarse los zapatos y limitar el champú en el equipaje de mano, impuestas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Ahora, por primera vez en casi 20 años, están viviendo una experiencia diferente.
Desde el mes pasado, el control previo ya no exige quitarse los zapatos para pasarlos por rayos X. El próximo paso sería flexibilizar la regla que limita a 100 mililitros (3.4 onzas) los líquidos en cabina, aunque no está claro si la medida aplicará en todos los aeropuertos o solo de forma parcial.
“Estos cambios pueden sonar pequeños de manera aislada, pero en conjunto tienen un impacto significativo para el pasajero”, dijo Adam Stahl, subadministrador interino de la TSA, en una entrevista el jueves. La declaración coincidió con el inicio del fin de semana largo del Día del Trabajo, cuando la agencia espera revisar a casi 17.4 millones de pasajeros, un 2% más que el año pasado.
Stahl no dio detalles sobre los posibles cambios a la regla de líquidos, pero adelantó que se espera un anuncio en el corto plazo y que se trata de una “prioridad enorme” para la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Agregó que otra de las normas bajo revisión es la que obliga a retirar las laptops del equipaje de mano para ser inspeccionadas.
Además, la TSA comenzó el mes pasado un programa piloto para permitir que ciertos viajeros internacionales en tránsito por Estados Unidos eviten ser revisados durante la escala, empezando con vuelos seleccionados desde Londres. También se ha expandido el uso de biometría para la verificación de identidad.
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La reforma de la administración del presidente Donald Trump marca un cambio radical frente a un sistema que obligaba a llegar horas antes, usar zapatos fáciles de quitar y despachar maletas para poder llevar perfumes o líquidos.
Estas incomodidades frustraron tanto a los viajeros que dieron lugar a la creación de Clear Secure Inc., una empresa que permite agilizar la seguridad a quienes pagan, y empujaron a millones a someterse a un proceso adicional de la TSA para obtener el estatus de PreCheck.
Si se implementan, los cambios podrían agilizar el tránsito durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 y los Juegos Olímpicos de 2028. Sin embargo, está por verse si compensarán obstáculos recientes para los visitantes extranjeros, como advertencias de viaje desde sus países y mayores tarifas turísticas incluidas en el paquete fiscal y de gasto del presidente.
“Este es un momento definitorio para la TSA”, dijo Ryan Propis, experto en seguridad de viajes de la Asociación de Viajes de EE.UU., un grupo industrial.
Equilibrando riesgos
Las reglas sobre zapatos y líquidos se establecieron en 2006 como respuesta a intentos de ataques terroristas posteriores al 11-S. En diciembre de 2001, Richard Reid, conocido como el “bombardero del zapato”, intentó detonar explosivos ocultos en una de sus zapatillas en un vuelo de American Airlines. En agosto de 2006, terroristas planearon detonar explosivos líquidos en aviones que viajaban del Reino Unido a Estados Unidos y Canadá.
Algunos críticos sostienen que muchas normas posteriores al 11-S —como prohibir abrigos en la revisión o restringir el acceso a terminales— fueron excesivas y equivalieron a un “teatro de seguridad”.
Funcionarios actuales y anteriores han rechazado esas afirmaciones.
“Las amenazas son reales, lo que está en juego es muy alto”, dijo John Pistole, quien dirigió la TSA entre 2010 y 2014.
Jeff Price, profesor de Aviación y Ciencias Aeroespaciales en la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, afirma que las mejoras tecnológicas desde 2006 han sido clave para que el gobierno revise estas normas.
Pero el aparato de seguridad debe mantener un equilibrio entre proteger al público de ataques y garantizar la fluidez del transporte aéreo.
“Si bloqueas demasiado, nadie vuela. Si abres demasiado, todos atacan”, dijo Price.
Stahl aseguró que la TSA no hará nada que ponga en riesgo la seguridad. “Estamos siendo más precisos, más innovadores y abrazando la tecnología”, afirmó.
El cambio en la política sobre zapatos alinea a EE.UU. con otros grandes centros de aviación global como la Unión Europea, Dubái y Singapur, donde normalmente no se exige quitarse el calzado. La mayoría de los aeropuertos internacionales limitan los líquidos a envases de 100 ml (3.4 onzas), pero algunos aeropuertos en el Reino Unido han comenzado a probar límites más altos.
Opciones sobre líquidos
Mientras los funcionarios reconsideran los límites para líquidos en cabina, cualquier cambio probablemente aumente la cantidad permitida, más que eliminar totalmente la restricción, según dos personas familiarizadas con los planes del gobierno que pidieron no ser identificadas.
Stahl no dio detalles, pero dijo que la TSA está “explorando una variedad de opciones”.
Expertos en seguridad creen que, para permitir mayores cantidades de líquidos, Estados Unidos debe acelerar la instalación de máquinas de tomografía computarizada, que generan imágenes 3D y detectan explosivos con más eficacia que las anteriores.
Estos equipos ya están en 285 de los 432 aeropuertos comerciales de Estados Unidos, según la TSA, pero su despliegue total no se prevé hasta 2043. Las autoridades estudian formas de acelerar ese calendario, dijo Stahl.
Batalla por la biometría
La administración también busca ampliar el uso de datos biométricos para verificar identidades y agilizar las filas, una iniciativa que ha enfrentado resistencia de legisladores y grupos de privacidad de datos.
Un ejemplo es el programa en 15 aeropuertos que permite a viajeros con PreCheck pasar por carriles exclusivos donde se escanea su rostro, en lugar de mostrar identificación y pase de abordar.
La TSA informó este mes que se asoció con Clear Secure para implementar nuevas puertas electrónicas, o “eGates”, en algunos aeropuertos. Estos dispositivos comparan automáticamente los datos biométricos de los viajeros con sus identificaciones y pases de abordar.
Estos esfuerzos han generado resistencia.
Este año, un grupo bipartidista de senadores presentó un proyecto de ley para imponer límites más estrictos al reconocimiento facial. Aunque la TSA afirma que su uso es voluntario, la norma obligaría a mantenerlo así y prohibiría dar un trato desigual a quienes no participen.
El senador Ted Cruz, presidente republicano del Comité de Comercio del Senado, pospuso en julio una votación sobre el proyecto tras la intensa presión de aerolíneas, grupos de viajes y ejecutivos de aeropuertos. Pero se espera que la batalla continúe cuando el Congreso retome sesiones tras el receso de agosto.
La biometría y el reconocimiento facial son “probablemente una de las formas más efectivas de verificación de identidad”, dijo Stahl. Pero la TSA entiende las preocupaciones de privacidad y quiere trabajar con el Congreso para una solución, añadió.
Mientras tanto, los viajeros celebran los recientes cambios de la TSA.
Tras el anuncio sobre la política de zapatos, las redes sociales se llenaron de memes de usuarios celebrando, en especial por no tener que ver más pies sucios o malolientes en los controles.
Brooke Towe, una agente de viajes de Chattanooga, Tennessee, que vuela unas 10 veces al año, probó la nueva política en julio. “Fue mucho más fluido”, dijo.
Está entusiasmada con la posibilidad de que la regla de líquidos sea la próxima en eliminarse, ya que suele causar más estrés entre sus clientes, sobre todo los que no vuelan con frecuencia.
“Eso sería una gran victoria para todos los que viajan”, afirmó.