
El inédito ataque de Donald Trump contra la Reserva Federal podría volverse en su contra, al encarecer el financiamiento de largo plazo y golpear a los mercados financieros y la economía.
Durante semanas ha criticado con dureza al presidente Jerome Powell por no recortar las tasas de interés para estimular la economía y —según Trump— reducir la factura de la deuda del gobierno.
Ya nominó al jefe de su Consejo de Asesores Económicos para el directorio y ahora busca destituir a la gobernadora Lisa Cook, lo que abre la puerta a una batalla legal sobre la autonomía de la Fed.
Sin embargo, por todo el poder que la Fed tiene sobre las tasas de corto plazo, es el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años —determinado en tiempo real por operadores de todo el mundo— el que define lo que pagan los estadounidenses por billones de dólares en hipotecas, préstamos comerciales y otras deudas.
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Aunque Powell señaló que está listo para flexibilizar la política monetaria el próximo mes, las tasas siguen altas por otros motivos: los aranceles amenazan con agravar la inflación, el déficit continuará inundando el mercado de bonos y los recortes de impuestos de Trump podrían sumar estímulo adicional el próximo año.
A eso se suma el temor de que una Fed leal al presidente recorte demasiado rápido, poniendo en juego la credibilidad de la institución en su lucha contra la inflación. En ese escenario, las tasas de largo plazo podrían subir aún más, presionando a la economía y golpeando a otros mercados.

“La combinación de un crecimiento más débil del empleo en EE.UU. y la provocación de la Casa Blanca contra la Fed, tanto institucional como personal, empieza a crear problemas reales para los inversores en bonos del Tesoro”, afirmó David Roberts, jefe de renta fija en Nedgroup Investments, quien prevé que las tasas largas sigan subiendo incluso si las cortas caen.
“La inflación está muy por encima de la meta de la Fed. Un dinero mucho más barato ahora probablemente generaría un auge, un dólar más débil y una inflación significativamente más alta”.
La presión sobre las tasas de largo plazo no es exclusiva de EE.UU. En Reino Unido, Francia y otros países también se han mantenido elevadas por la preocupación de los inversores ante la misma combinación de fuertes deudas públicas y una política cada vez más imprevisible.
Pero los vientos cruzados del regreso de Trump a la Casa Blanca han planteado desafíos propios.
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Durante la campaña del año pasado, cuando los inversores apostaron por su victoria, los rendimientos del bono a 10 años subieron con fuerza, aun cuando la Fed bajaba su tasa de referencia desde un máximo de más de dos décadas. Los mercados anticipaban que la agenda republicana de recortes impositivos y desregulación añadiría combustible a una economía sorprendentemente resiliente en ese momento.
Desde que Trump asumió, la Fed ha mantenido la cautela, mientras su guerra comercial impredecible altera las perspectivas económicas, ahuyenta a inversores extranjeros y amenaza con elevar los precios al consumidor. Cuando la ola de aranceles de abril desató una de las peores ventas de bonos en décadas, haciendo saltar los rendimientos, Trump frenó las medidas alegando que los mercados estaban “un poco nerviosos, un poco asustados”.
Desde entonces ha vuelto a imponer las tarifas y su política comercial sigue siendo volátil. Su paquete de recortes impositivos sumará más de US$ 3 billones al déficit en la próxima década, aumentando la deuda, salvo que los aranceles se mantengan y generen ingresos suficientes para compensar ese costo.

“EE.UU. tiene que emitir una enorme cantidad de deuda para financiar su déficit”, dijo Michael Arone, estratega jefe de inversiones en State Street Investment Management.
Ese factor, agregó, se suma a la preocupación sobre crecimiento e inflación. “Como resultado, espero que las tasas largas se mantengan más altas y volátiles de lo que el mercado prevé”.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que las políticas de ajuste del gasto y estímulo al crecimiento harán caer el rendimiento a 10 años, indicador que definió como referencia clave de éxito. Pero eso aún no ha ocurrido.
Aunque los rendimientos de corto plazo han bajado por la expectativa de más recortes de la Fed, el bono a 10 años llegó al 4.31% el martes antes de estabilizarse en torno al 4.26%, casi el mismo nivel que tenía en las elecciones de noviembre. El rendimiento a 30 años avanzó al 4.94%.
Fue una reacción relativamente contenida tras el anuncio de Trump de que destituía a Cook de la Fed por acusaciones no probadas de fraude hipotecario, una medida que ella prometió impugnar en los tribunales. La Fed señaló que acatará el fallo judicial.
“Lo que más ha impactado en los mercados es el intento de destituir a la gobernadora Lisa Cook”, señaló Edward Harrison, estratega macro de Bloomberg. “El aumento de la prima a largo plazo ha sido la principal consecuencia hasta ahora. Si los intentos de control político de la Fed prosperan, veremos una reacción mayor en primas y expectativas de inflación”.
El rendimiento del bono a 10 años subió un punto básico al 4.27% en la sesión europea del miércoles. El de 30 años se mantuvo en 4.92%. El Tesoro colocará US$ 70,000 millones en nueva deuda a cinco años más tarde. Una emisión de bonos a dos años atrajo fuerte demanda el martes.
Parte de la reacción del mercado refleja la expectativa de que los tribunales protejan la independencia de la Fed. Priya Misra, gestora de cartera en JPMorgan Investment Management, destacó las “barreras institucionales que protegen y defienden celosamente” al banco central de la presión política. Incluso el eventual reemplazo de Cook, dijo, probablemente no alteraría la trayectoria inmediata de la Fed.
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Además, con el empleo creciendo a menor ritmo y Powell anticipando otro ciclo de recortes de tasas desde el próximo mes, los operadores ya descuentan cinco reducciones de un cuarto de punto hasta fines del año próximo. Powell, designado por Trump y con mandato hasta mayo, también ha dicho que no renunciará a su cargo y ha intentado blindar al banco central de la política.
Sin embargo, un esfuerzo creciente de Trump por remodelar la Fed casi con certeza mantendría a los mercados de bonos en vilo y las tasas de deuda a largo plazo elevadas.
Los mercados se han acostumbrado a la autonomía de la Fed, con presidentes recientes cuidándose de no dar la impresión de influir en la política monetaria.
Su aislamiento de la política electoral no había sido cuestionado desde principios de la década de 1970, cuando la administración Nixon buscó mantener bajas las tasas presionando al entonces presidente de la Fed Arthur Burns. Esa historia se convirtió en advertencia desde entonces, dado el posterior repunte inflacionario que muchos atribuyeron a la claudicación del banco central ante la Casa Blanca.
“El mandato no escrito de la Fed es: no ser Arthur Burns”, resumió Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers. “No se cede ante la presión política”.