
La propuesta de los “dividendos DOGE”, impulsada por el empresario James Fishback, está ganando cada vez más protagonismo en el debate público en los Estados Unidos. Este nuevo modelo de pagos está surgiendo en un contexto donde los cheques de estímulo, entregados durante la crisis económica provocada por la pandemia de COVID-19, fueron una de las principales herramientas para apoyar a los hogares estadounidenses. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿cómo se compara esta novedosa propuesta con los pagos directos que se otorgaron anteriormente?
Los cheques de estímulo, que se enviaron en tres rondas entre 2020 y 2021, fueron una respuesta directa a la emergencia sanitaria, buscando aliviar las cargas económicas de los hogares más afectados. Hoy, en cambio, el concepto de los dividendos DOGE plantea un enfoque diferente, ligado a un control más estricto del gasto público y a una teoría sobre cómo los desembolsos directos pueden beneficiar a los ciudadanos sin generar un impacto inflacionario. En esta nota, trataré de explicar las diferencias y las implicancias de cada una de estas propuestas.

LOS CHEQUES DE ESTÍMULO TRADICIONALES ENTREGADOS EN LA PANDEMIA
Los cheques de estímulo enviados entre 2020 y 2021, durante la presidencia de Donald Trump y luego con la administración de Joe Biden, fueron una medida de apoyo directo para las familias estadounidenses. En plena crisis sanitaria, el gobierno federal distribuyó dinero para ayudar a las personas a mantenerse a flote mientras enfrentaban la incertidumbre económica. En total, se realizaron tres armadas de pagos que variaron en su monto, pero que en general fueron pensados para proporcionar un alivio rápido ante la pérdida de empleos y el cierre de negocios.
El objetivo principal de estos pagos era estimular la economía a través del consumo. El gobierno inyectó dinero en la economía con la esperanza de que los hogares gastaran, lo que ayudaría a mantener la circulación monetaria y a reactivar los sectores económicos más afectados. Sin embargo, este enfoque no estuvo exento de críticas, ya que muchos expertos señalaron que, aunque útiles en el corto plazo, estas ayudas podían tener efectos a largo plazo, como un aumento en la inflación.
LA PROPUESTA DE LOS DIVIDENDOS DOGE
Ahora, con la propuesta de James Fishback, la idea de distribuir dinero a los ciudadanos de una manera masiva regresa al debate público, pero con una diferencia crucial. En lugar de simplemente imprimir dinero y entregarlo a los hogares, propone utilizar el ahorro generado por recortes en el gasto público para distribuir pagos de “dividendos DOGE”. Esta iniciativa busca enviar US$5,000 a cada hogar estadounidense que pague impuestos, y lo haría a través de un desembolso directo, pero esta vez respaldado por una política fiscal más estricta.
El principal argumento detrás de esta propuesta es que, al reducir el gasto del gobierno y promover una gestión más eficiente de los recursos, no se generaría la inflación que muchos temen. Fishback sostiene que el contexto actual de la economía es diferente al de 2020, argumentando que, con menores costos de energía, una reducción en la regulación económica y un control más efectivo del gasto público, este tipo de pagos no provocaría un aumento en los precios. De hecho, sostiene que el dinero ayudaría a los ciudadanos a reducir sus deudas, lo cual tendría un efecto deflacionario en lugar de inflacionario.
LA DIFERENCIA CLAVE EN EL CONTEXTO ECONÓMICO
Una de las diferencias más notables entre los cheques de estímulo tradicionales y los dividendos DOGE es el contexto económico en el que se propone esta nueva medida. Los desembolsos que fueron entregados en un momento de emergencia, cuando la economía global estaba colapsando debido a la pandemia, lo que generaba una alta incertidumbre. En cambio, la propuesta de los dividendos DOGE se presenta en un contexto donde el gobierno de Trump, con la supervisión de Musk en el Departamento de Eficiencia Gubernamental, ha logrado implementar recortes significativos en el gasto público y una política fiscal más controlada.
Fishback defiende que, a diferencia de la administración de Biden, que imprimió grandes cantidades de dinero para responder a la crisis del COVID-19, el actual enfoque está basado en un control más estricto de la economía, sin recurrir a la emisión masiva. Por tanto, según su visión, los dividendos DOGE no provocarían el mismo impacto inflacionario que los cheques de estímulo anteriores.
¿QUÉ PASARÍA CON LA INFLACIÓN?
El tema de la inflación es uno de los puntos más críticos en cualquier discusión sobre la distribución de dinero a gran escala. En el caso de los cheques de estímulo, la crítica principal era que, al inyectar grandes cantidades de dinero en la economía sin un aumento en la oferta de bienes y servicios, se impulsaba la demanda, lo que naturalmente podría resultar en una subida de los precios. Esta es una de las razones por las que la inflación alcanzó niveles históricos en 2022.
Fishback, sin embargo, tiene una visión diferente. Según su planteamiento, los dividendos DOGE serían utilizados por los ciudadanos para pagar sus deudas acumuladas durante la pandemia. Si la mayor parte de ese dinero se destinara a la reducción de deuda personal, en lugar de aumentar el consumo, el efecto neto sería deflacionario, ya que se disminuiría la presión sobre el sistema financiero.
¿ES VIABLE?
La propuesta de Fishback ha generado tanto interés como escepticismo. Algunos economistas, como Lance Roberts, sugieren que la idea podría tener efectos negativos en la inflación, ya que, sin un aumento proporcional en la producción de bienes y servicios, simplemente generar más demanda podría no ser sostenible. Además, el sistema de pagos masivos en este contexto sigue siendo un tema de debate, dado que el valor del dinero distribuido puede variar dependiendo de los mecanismos de control fiscal implementados.
El propio Elon Musk, aunque vinculado a las propuestas de control fiscal bajo el Departamento de Eficiencia Gubernamental, ha sido cauteloso con respecto al plan. En declaraciones recientes, indicó que sería importante considerar la viabilidad política y económica de esta medida antes de implementarla.
