
En 2024, el Índice de Preparación Gubernamental para la Inteligencia Artificial (IA) arrojó que Perú se ubica en el puesto 60 de 188. En comparación con el año anterior, registró un leve retroceso —puesto 58—, una evidencia de que implementar la IA en la prestación de los servicios nacionales requiere aún de mucho esfuerzo.
El dato lo trajo a colación Antonio Ramírez-Gastón, presidente del Comité ARTIC (Automatización, Robótica y Tecnologías de la Información) de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), con el objetivo de enlistar en qué frentes la transformación digital debe ir de la mano con lo que él denomina una “transformación cultural”.
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IA + reconfiguración del pensamiento
Ramírez-Gastón repasó aquellos sectores que experimentan flujos de producción más amplios a partir de la intervención de la IA.
“En agroexportación, gracias a la inteligencia artificial y a la gran cantidad de datos, se puede determinar el correcto sistema de riego, cuánto hay que poner de fertilizantes, cuál es el calibre, o sea, el diámetro de la fruta. Obviamente, hay factores exógenos, como el clima, pero ahora se puede desarrollar el producto estrella para la agroexportación en porcentajes mayores de lo que podía hacer antes”.
En suma, “toda empresa de salud, manufactura, producción agroindustrial, textil, plásticos, cartones tiene algo que puede automatizar. Hay una serie de actividades que se pueden simplificar gracias a este uso de las herramientas tecnológicas que se están viendo en el medio”, recalcó.
No obstante, el especialista enfatió que hay un paso estratégico al ritmo de la implementación de la IA.
“La transformación cultural es más importante que la transformación digital y el uso de la IA. ¿Por qué? Porque la transformación cultural es el buen uso de la inteligencia artificial para beneficio de lo que uno considera que puede hacer. Cómo aprovecho estas facilidades en favor de mi negocio o de la sociedad".
Detectó, así, un circuito: “Si las personas tienen claro cuál es la visión del negocio, entonces comienzan poco a poco a implementar soluciones o herramientas tecnológicas en línea con ello. Por ejemplo, para una mayor satisfacción al cliente emplean chatbots. Y si estos resultan impersonales, la herramienta no cambia, sino el pensamiento de quien la ha diseñado”.

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Triple hélice: una participación uniforme
La implicancia homogénea del Estado, la empresa y la academia en la transformación digital es un aspecto que el vocero de la SNI también calificó como obligatorio.
“Toda empresa se basa en las normas que dicte el Gobierno; de esta manera, tienen que ir de la mano. Y la academia es una entidad que se preocupa mucho por el tema de investigación y por ver cuál puede ser el impacto en el uso debido o no de las herramientas tecnológicas. Entonces, la combinación ayuda”, dijo.
Sin embargo, aconsejó no quitar el enfoque económico en el trinomio:
“La academia debe entender que todo tipo de investigación, si la quiere rentabilizar, debe mirar hacia los intereses de las empresas que están presentes en el mercado. La academia puede plantearse algunas preguntas: ¿cómo te ayudo a desarrollar productos o servicios?, ¿quieres invertir en beneficio de tu empresa o del gremio? Y luego la otra parte, el Estado, se puede cuestionar, por ejemplo, en temas de criminalidad: ¿quién puede hacer investigación sobre cuál es la mejor forma de brindar seguridad? La academia".
Ramírez-Gastón aseveró que solo la conexión entre los actores multiplicaría la atracción hacia los productos y servicios nacionales.
“Pero tiene que ser una combinación de tres siempre. Con el Estado, la empresa privada y la academia, sale un producto muy potente al mercado”, reiteró.

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Ciberseguridad: un requisito paralelo
La práctica de proteger sistemas, redes, programas y datos contra ataques digitales maliciosos no puede quedar rezagada durante los impulsos por masificar el uso de la IA.
“Por ejemplo, hay tres personas que viven en una casa. La primera coloca llave, la segunda igual, ¿pero qué pasa si la tercera no? Las posibilidades de que entren al hogar son mayores. Eso es lo que ocurre en las empresas: deben poner los candados adecuados para proteger lo que tienen", subrayó el experto.
Sobre todo ahora, señaló, cuando los datos se han convertido en un contenido “gancho” para el mercado negro.
“Lamentablemente, hay personas o entidades que saben cómo materializar el interés. Inclusive, hasta entidades públicas se han robado información de propiedad personal. ¿La seguridad es una inversión? Sí. Pero si quiero tener una puerta, debo tener una llave", concluyó.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.