
Peatones que cruzan de una cuadra a otra, tiendas que abren sus puertas y visitantes que recorren uno de los corredores comerciales más concurridos de Lima. En las inmediaciones de ese trajín, detrás de fachadas antiguas y edificios de valor arquitectónico, se abre otra posibilidad para el Centro Histórico: recuperar espacios que puedan acoger actividades empresariales y atraer a nuevos negocios. ¿Qué proyectos tiene Scipion Real Estate en cartera?
Scipion Real Estate busca ampliar la oferta inmobiliaria del Centro Histórico de Lima mediante la recuperación de edificios patrimoniales y su adaptación a usos comerciales y corporativos. La desarrolladora, especializada en la puesta en valor de inmuebles monumentales, tiene un plan de negocios para el periodo 2026-2030 que contempla recuperar y construir hasta 50,000 m², con una inversión estimada de US$30 millones en obras.
Ahora bien, Scipion reactivó su plan de inversión en 2023, luego de las restricciones asociadas con la pandemia y un periodo de incertidumbre política. Hoy, cuentan con las licencias de obra necesarias para ejecutar los proyectos de su cartera.
A octubre del presente año, Jaime Palazuelo, Co-Founder y CFO de Scipion Real Estate de Scipion Real Estate, señaló a Gestión que “primero nos hemos centrado en desarrollar conceptualmente los proyectos y obtener las licencias de obra. En 2026 hemos iniciado la fase de obras, con 6% de los US$ 30 millones ejecutados hasta la fecha, y esperamos alcanzar cerca de un tercio de ese monto antes de finalizar el próximo año.”

Scipion apuesta por Colmena & Wilson para renovar el Centro de Lima
Uno de los proyectos centrales de la estrategia de Scipion Real Estate es Colmena & Wilson, cuya rehabilitación comenzó en agosto de 2026 y concluiría a fines de 2027. Diseñado por el arquitecto Rafael Marquina y Bueno, el inmueble cuenta con cerca de 13,000 m² construidos sobre un terreno de 2,000 m², entre las avenidas Tacna, Nicolás de Piérola e Inca Garcilaso de la Vega.
La recuperación del inmueble contempla una inversión superior a US$ 8 millones. A esto se suman el amoblamiento e implementación de US$ 4 millones (US$ 350/m2) que suele ser el estándar de los clientes corporativos.
El edificio tendrá un uso mixto y capacidad para albergar a unas 2,000 personas. En el primer nivel, una planta comercial de alrededor de 1,800 m² conectará las avenidas Nicolás de Piérola e Inca Garcilaso de la Vega mediante jardines interiores. La oferta corporativa se ubicará en los niveles superiores, con aproximadamente 10,000 m² de oficinas, mientras que la azotea contará con una terraza de 800 m² y otros 1,000 m² de espacios multipropósito, que podrían destinarse a actividades gastronómicas.
Las oficinas tendrán alturas libres superiores a tres metros, carpintería acústica, falso techo de aluminio, sistema de aire acondicionado centralizado, entre otros estándares que sólo se ven en edificios Clase A, como ascensores de hasta 20 personas; con capacidad conjunta para trasladar hasta 100 personas por viaje. La intervención contempla también el reforzamiento sísmico del edificio, nuevas escaleras presurizadas, cisternas de agua potable con autonomía de hasta una semana y una reserva independiente para el sistema contra incendios.
“Nuestro proyecto Colmena & Wilson tiene una masa crítica suficiente que creemos que debería generar el cambio en la forma de ver los edificios del Centro de Lima y crear un nuevo estándar de espacios contemporáneos”, remarcó Palazuelo.
La recuperación patrimonial abre oportunidades para el negocio inmobiliario en Perú

La experiencia de Scipion en la recuperación de inmuebles históricos también se extiende a España, país de origen de sus fundadores, donde la compañía opera desde 2018. Allí desarrolla proyectos de rehabilitación patrimonial, como el Palacio de Godoy, un inmueble del siglo XVI, que mandó construir uno de los fundadores de Lima en Cáceres, recuperado para convertirse en un hotel Hilton de cinco estrellas.
A diferencia de España, Perú todavía tiene una oferta limitada de proveedores, constructoras, especialistas y artesanos dedicados a este tipo de intervenciones, y concentra buena parte de su actividad constructora en obras nuevas.
“A nivel de demanda, el mercado español tiene una demanda mayor y más profunda, aunque una menor rentabilidad económica; las cosas suelen costar un poco más que en Lima. En Perú, aunque la demanda todavía menor, la oferta de este tipo de espacios es muy limitada, lo que abre oportunidades para nuevos desarrollos comerciales, corporativos y hoteleros”, explicó Palazuelo.
Nuevo escenario local tras años de incertidumbre política
La reactivación de las inversiones también estuvo vinculada a los cambios en el entorno político y regulatorio. El CFO de Scipion explicó que la pandemia y la incertidumbre política entre 2020 y 2023 fueron factores que afectaron el avance de los proyectos. A esas situaciones, se sumaba la falta de predictibilidad ante los cambios de gestión, que podían modificar la interpretación de las normas durante el desarrollo de una obra.
“Cada vez que había un cambio de gestión había una forma de interpretar las normas distintas. Y cuando uno tarda cuatro o cinco años en desarrollar un proyecto, pudiendo tener varias gestiones, eso genera inseguridad jurídica”, señaló Palazuelo.
La reactivación de las inversiones también estuvo vinculada a los cambios en el entorno político y regulatorio. El CFO de Scipion explicó que la pandemia y la incertidumbre política entre 2020 y 2023 fueron factores que afectaron el avance de los proyectos, donde el tejido empresarial se debilitó mucho.
“Hasta la implementación del Plan Maestro del Centro de Lima, la Comisión Ad Hoc que aprobaba los proyectos cambiaba de criterio cada año, con el nombramiento de nuevos delegados del Ministerio de Cultura o cuando había un cambio de alcalde. Hoy, la aplicación normativa y el criterio recae en una comisión donde PROLIMA (Gerencia de Planificación, Gestión y Recuperación del Centro Histórico de Lima) es la máxima autoridad”, explicó Palazuelo.
El equipo está integrado por profesionales experimentados que ejecutan proyectos complejos de puesta en valor de inmuebles públicos, con conocimiento práctico de sus retos. Esto brinda mayor seguridad a las inversiones de largo plazo, al permitir planificar con una interpretación normativa estable.
Y es que, obtener una licencia en el Centro Histórico de Lima puede tomar alrededor de un año o incluso menos, dependiendo de la complejidad de cada intervención. Asimismo, resaltó la apertura de PROLIMA a trabajar con el capital privado y su papel en la definición de criterios para la rehabilitación patrimonial.
La apuesta de Scipion responde, además, a una lógica de inversión de largo plazo. “Nosotros alquilamos los espacios, no los vendemos. Habrá un retorno en los próximos 10 años”, finalizó Palazuelo.






